Las ancestrales costumbres celebradas en la Noche de las Ánimas en la cuenca del río Vero se han convertido en la pequeña población de Radiquero en un reclamo turístico para la sierra de Guara.
Alrededor de un millar de personas llegadas de la comarca, del Alto Aragón pero también de varios puntos de Aragón y de España participaron ayer en los actos que la asociación cultural O Coronazo organizó en Radiquero para reavivar las tradiciones que se celebran en torno al Día de los Difuntos.
La tradición cuenta que los niños de estas poblaciones vaciaban las calabazas de sus huertos para ponerles una lumbre dentro y las colocaban de camino al cementerio. Eran hitos luminosos que tenían el objetivo de conducir a las almas descarriadas que se encontraban en el mundo de los vivos hacia su lugar de descanso, el campo santo.
Ante la invasión cultural norteamericana que exporta la fiesta de Halloween, un grupo de inquietos jóvenes de la asociación cultural O Coronazo de Radiquero decidieron hace más de diez años reivindicar las costumbres autóctonas, que se celebran en la Noche de los Difuntos.
Así convirtieron un tradición en un atractivo cultural y de ocio para las familias que cada año acuden en masa a esta pequeña localidad perteneciente al municipio de Alquézar para convertir en calaveras luminosas las calabazas que los vecinos ponen a su disposición, así como dispuestos a pasar algo de miedo con las leyendas y narraciones misteriosas que se cuentan.
El único condicionante es que ningún niño debe de acudir disfrazado, ya que como reza el lema de esta jornada ‘Esto no es Halloween. No vengas disfrazado’.
Padres y niños participaron en varios talleres de manualidades: el de elaboración de las calaveras con las calabazas, las almetas y totones (ánimas en el imaginario colectivo del Somontano), chapas, huellas de esqueletos, …
Paralelamente, varias ánimas en pena recorrían las oscuras calles de la población, iluminadas por la luz de las velas introducidas en las calabazas.
Mientras que la cuenta cuentos Sandra Aragüas se convertía en Doña Severa para narrar chascarrillos e historietas de miedo acontecidas en el Alto Aragón.
A la hora de la merienda, se sirvieron cientos de raciones de chocolate con torta para calentar los cuerpos y prepararlos para una noche terrorífica.
Tras el chocolate, los pequeños y mayores cogieron sus calabazas y condujeron a las almas descarriadas hasta el cementerio para que pudieran descansar eternamente.
Este año, el programa de actos contó con la presencia del cuenta cuentos Pep Bruno que ya por la noche contó historias de miedo a los más valientes que optaron por pasar en Radiquero la Noche de las Ánimas.
Uno de los impulsores de este evento es Ignacio Pardinilla, quien se mostraba sorprendido por el eco que tiene esta jornada. Posiblemente la de ayer fuera la vez que más público acudió a Radiquiero a lo largo de los once años que se viene celebrando esta actividad.
«Nunca hemos dejado de celebrar la Noche de las Ánimas en Radiquero pero hace once años decidimos organizar a los críos porque veíamos que llevaban la deriva norteamericana y se plantaban en la carretera para parar a los coches y pedirles caramelos y dinero. El primer año hicimos un Cuentacuentos en la cocina de mi casa y después hemos ido incorporando nuevas cosas. Además hay que agradecer la colaboración de los vecinos que ya se reservan este día para venir a participar», señala Pardinilla.
Para que esta fiesta sea posible, resulta fundamental la colaboración de voluntarios de Cruz Roja y del Ayuntamiento de Alquézar-Radiquero, Comarca de Somontano de Barbastro, Parque Cultural del Río Vero y Diputación Provincial de Huesca.

