La primavera de 1938 fue de triste recuerdo para el valle de Bielsa, y ha pasado a la historia de la Guerra Civil española como uno de los momentos más trágicos pero a la vez heroicos. Ante el avance de las tropas franquistas en la conquista del Sorbarbe y la Ribagorza, la 43 División del Ejercito Republicano resistía el avance del ejército nacional que lo doblaban en número, los superaba notablemente en artillería y contaba con el apoyo de la aviación que bombardeó la villa de Bielsa y el valle.
El ataque duró desde abril a junio de 1938, y la 43 División conscientes de que no podría resistir mucho más ante el renovado ejército franquista, decidió evacuar a la población civil a Francia. Se calcula que alrededor de 10.000 altoaragoneses, que huían del avance franquista y ante la amenaza de una severa represión, pasaron al país vecino de una forma lenta y ordenada, caminando sobre unas cumbres todavía nevadas.
Este episodio ha pasado a la historia bajo el nombre de ‘La Bolsa de Bielsa’ y su recuerdo está muy presente en el Ayuntamiento de Bielsa que acoge un museo sobre la Guerra Civil en su edificio noble del siglo XVI, pero también en la cima del Puerto Viejo donde una placa de piedra -rota por un acto vandálico- rememora esta gesta.
Un grupo de treinta montañeros recorrió esta ruta de media montaña, una de las seis propuestas para la segunda jornada del Campamento Nacional de Montaña. Y el presidente del club organizador, Montañeros de Aragón Barbastro, José Masgrau, -que guió la expedición- se encargó de recordarlo al presenciar la placa de mármol partida en un acto vandálico. “Hemos contado a los montañeros el éxodo que tuvo lugar desde abril de 1938. Ha sido una excursión bonita y todos se han mostrado contentos por la buena coordinación a pesar de la dificultad de mover a 300 personas. Hay que agradecer también el apoyo de la Guardia Civil que nos ha escoltado en los traslados”, señalaba el presidente del club organizador.
La ascensión al Puerto Viejo tiene una altitud de 2.378 metros y un desnivel de 714 metros. Desde su cima se observa la vecina Francia, el circo glaciar de Barrosa, enclave que acogió otra de las excursiones, la más multitudinaria con 63 excursionistas.
El resto de las propuestas fueron al ibón de la Pinara, con 35 montañeros; el pico Bataillance (de 2.606 metros de altitud), que congregó a 26 excursionistas; el pico del Puerto Viejo (2.428 metros de altitud) con 13 montañeros; y la cumbre reina de la jornada, el pico Robiñera de 3.003 metros de altura y que atrajo a medio centenar de montañeros entre ellos al presidente de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), Joan Garrigós, buen conocedor de este enclave.
Afortunadamente la meteorología está respetando el campamento y el buen tiempo invita a recorrer todas las marchas planteadas por Montañeros de Aragón Barbastro, así como descender los barrancos. En la segunda jornada concretamente fue el Viandico, con inmersiones en su cueva.
Todas las excursiones se desarrollaron sin lamentar incidentes y con una buena acogida por parte de los montañeros que están aprovechando al máximo de los atractivos de este Parque Nacional.
“Todo el mundo nos dice que el Pirineo aragonés es precioso y que se encuentran muy a gusto con la organización. Ven un carácter muy hospitalario y todos los compañeros del club están haciendo un esfuerzo muy importante. Con ello demostramos que en estos tiempos todavía se pueden hacer muchas cosas desde el voluntariado. Además estamos teniendo una buena forma física de todas las federaciones que han venido de toda España y no está habiendo accidentes”, señalaba el presidente de Montañeros de Aragón Barbastro.
Aula de botánica
En la segunda jornada del Campamento, también se pudo descubrir la flora que puebla el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido con una conferencia audiovisual impartida por José Vicente Ferrández Palacio, profesor especialista en Botánica y colaborador en el Instituto Pirenaíco de Ecología de Jaca. Previamente, este botánico impartió por la mañana un taller para conocer las flores y las plantas del entorno entre los cincuenta niños que participan en el campamento infantil de Pineta. Ferrández ha destacado la rica vegetación de plantas vasculares, unas 1.500 especies sin catalogar hongos ni musgos. Asimismo traslado la necesidad de respetar la flora y practicar un turismo de naturaleza sostenible: «Estamos en un entorno privilegiado y toda la sociedad necesita ser consciente de ello. Parece que aquí crece todo, y es cierto, pero las generaciones que vienen tienen que arrear con los que les dejemos la nuestra a pesar de la existencia de algunos grupos que no son respetuosos. Tenemos que dejar todo como lo encontramos cuando salimos a la montaña, hay que pasar desapercibido y embeberte todo lo que la naturaleza nos puede enseñar que es infinito».

