Fernando Abarca Anoro
Itinerario vital
He logrado vivir de un modo sencillo y feliz. He gozado de la familia, de los amigos, de los compañeros de trabajo y de la naturaleza.
He procurado convertir al humor en mi compañero fiel, al amor en la emoción más fuerte y duradera, a la comprensión en mi gran esfuerzo cotidiano, al agradecimiento en mi saludo habitual, al perdón como la paz más esperada, a la tolerancia como el sueño en una sociedad cada vez más justa, equitativa y civilizada y a la dignidad como salvoconducto de mi identidad.
Tan solo deseo para todo aquél que me conozca que guarde en su memoria mi impulso constante por vivir en plenitud, ya que vale mucho la pena abrazarse en cada instante a la dicha de vivir con humildad y sencillez, preciados dones que hacen a las personas bellas y buenas.
Noticia fatal
Antes de que me diagnosticaran la enfermedad de manera definitiva era ya plenamente consciente de su existencia en mi cuerpo, puesto que un año y medio antes había leído un libro autobiográfico sobre un enfermo de ELA. De modo que los médicos no hicieron más que confirmar lo que ya me había auto diagnosticado con meses de antelación.
¿Qué sentí en aquellos instantes en los que el médico confirmaba mis sospechas?
Acababa de ser desheredado de la vida.
Al salir de la consulta observé a la gente feliz ante la proximidad de las navidades de 2008 y sentí con mucho dolor que ese mundo ya no me pertenecía.
Entonces le pedí a Conchi, mi esposa, que me llevara hasta la oficina en donde trabajaba. Nada más verme mis compañeros me preguntaron cómo me había ido y les contesté que, tal y como ya les había anunciado hacía tiempo, tenía ELA, esclerosis lateral amiotrófica, en otras palabras, acababa de ser sentenciado a muerte.
Aquellas navidades las pasé con mucho temor, incapaz de conciliar el sueño. En aquellas largas noches de insomnio me preguntaba qué sería de mi familia, de mis amigos o de mis compañeros de oficina sin mi presencia. Una de esas noches llegué a la siguiente reflexión:
«Cuando duermo sueño que vivo,
cuando estoy despierto veo que muero.
Qué larga se me hace la vida
cuando es tan poco el tiempo que me queda».
Y así fueron transcurriendo aquellas navidades, con sus días y sus noches de dolor y de miedos.
Renacimiento
Entonces decidí trabajar mi fortaleza interior con el fin de ayudar a mis seres queridos y a mi mismo, para convertir la angustia, el dolor y el miedo en breves e intensos chispazos de felicidad.
¿Podría llegar a ser capaz en medio de tan terrible enfermedad de vivir momentos de dicha y de paz?
Pues sí, con no pocos esfuerzos logré crecer en medio de tanta dificultad y he podido vivir días espléndidos de alegría, amor, amistad y bienestar.
Se ha tratado de un crecimiento desde el interior de mi mismo hacia el exterior, de manera que conforme la enfermedad ha ido avanzando, mi fuerza interna y mis ganas de vivir han ido creciendo, merced en gran medida a esas personas que tanto me quieren y me apoyan, a los que siempre he tenido ahí, a mi lado, antes y durante la enfermedad. Nunca me he sentido solo en este viaje vital, ya que estoy seguro de que cuando llegue el momento de mi despedida definitiva, de mi muerte, también estarán ayudándome o empujándome para dirigirme hacia la luz.
Estoy plenamente convencido que en esa luz encontraré los espíritus de mi padre y de mi madre, por esto ahora mismo vivo confiado y sin miedos.
Todos tenemos que saber y aceptar que la muerte es el tributo que se paga por vivir.
Desde que estoy postrado en la cama sin poder moverme me cuesta vivir cada vez más y estoy perdiendo los alicientes que la vida me regaló generosamente. Pero aún en estas circunstancias siempre existe un momento en el que con un chispazo prende la alegría, se ilumina la vida con el milagro del amor o se aviva el consuelo con el cariño generoso de la amistad.
Morir es la última acción de la vida, expirar, solo una, vivir sin embargo, es un constante torrente de acciones, por esto vale la pena esforzarse para disfrutar de cada instante de la vida, aunque tengamos una grave enfermedad, pues siempre que dispongamos de un mínimo de calidad de vida, vale la pena gozarlo.
Morir es tan solo un cambio de dimensión, un volver a nacer para sentirse abrazado y unido a la misma luz que nos trajo a la vida.
Agradecimiento
Desde esta paz que ha crecido en mi interior deseo dar las gracias a todas aquellas personas que a lo largo de mi vida me han ayudado, así como también a aquellas que no lo han hecho, pues gracias a ellas he aprendido a valorar todo cuanto tenía.
La vida de cada ser humano es como una gran obra de teatro que hay que aprender a interpretar, yo he tratado de ajustarme a mi papel con la mayor dignidad posible.
Vivir es un gran don y haréis bien en procurar estar atentos y despiertos a cada instante del presente, invertir tiempo en discusiones y pensamientos banales es un modo de desperdiciar esta gran oportunidad que es la vida de cada persona.
Hay que vivir como si tuvieras que morir mañana y trabajar como si tuvieses que vivir siempre. Este ha sido el lema de una vida digna y feliz, como así valoro que ha sido la mía.




