El día 13 de abril participamos como expositores en ‘El Desván’, un desembalaje de antigüedades que se celebra en Barbastro desde hace 17 años. Pasamos así de ser meros visitantes, visitantes con la curiosidad del diletante, que se pasea con el ojo escrutador, que busca lo singular, lo extraño, lo bello, con el propósito de comprar algún objeto mundano, perteneciente a estas cosas del coleccionismo y de las antigüedades, y pasar, como decía, de ese talante tan ensayado a lo largo de tantos años, a exponer todas esas cosas que hemos acumulado con empeño, con arrobo y, a decir verdad, con locura y fundirlas y añadir a esos objetos los pequeños detalles que las hacen creíbles y atractivas.
Nos asignaron un stand -cuarenta metros cuadrados colindantes con el pasillo central- con el número 13 de vigilancia. Mal augurio, pensé. Aunque sea escéptico al aura de notoriedad del que se beneficia este número primo, no dejó de sumarse a la inquietud e incertidumbre ante nuestro estreno. Novatos e inexpertos: con este doble carácter participamos por primera vez en esta feria, en la que muchos de los asistentes son conocidos, de los que oímos y vemos la sorpresa que les produce esta faceta de nuestras vidas que les era desconocida.
Esa masa de objetos depositados -en un principio- de forma inextricable encima de los mostradores del stand número 13, inconscientemente se fue transformando, a medida que los objetos se agrupaban, dando forma a un relato; un relato que daba sentido a lo expuesto, que hablaba del esfuerzo y terquedad con la que hemos conseguido una colección con su propia idiosincrasia, de la que lo expuesto es una pequeña muestra.
La atmósfera y el aire contenido en este pabellón, que hacía de sordina, junto con el notable interés de los asistentes, un público motivado y entendido en lo que se estaba, hizo que las ventas acudieran a todos los rincones del pabellón de la Feria de Barbastro.
Un entorno amable, tranquilo y respetuoso amplió el perímetro de confort de expositores y visitantes, durante dos días del mes de abril. Unos días donde todos practicamos el reciclaje de lo ajeno.


