A mí me parece que estamos asistiendo a una serie de acontecimientos y una mayoría de la sociedad española está en unas condiciones, que requerirían un primer análisis y priorizar con absoluta claridad los pasos a dar. Referiré algunos de los muchos ejemplos que cualquiera podríamos poner encima de la mesa.
Después de bastantes años de democracia, la división de poderes está muy cuestionada. Un día sí y otro también, observamos como la política, los políticos, interfieren en la labor de los Jueces. No ya solo nombrándolos para los máximos órganos de gobierno de estos, sino utilizando cualquier tipo de triquiñuela para que estos no desarrollen su trabajo con independencia y medios suficientes. Esto para un demócrata, a mi parecer, habría de ser básico.
La corrupción está constantemente golpeando a la mal denominada clase política de este país y eso hace daño a los miles de personas que están en política –de unas u otras ideas- para tratar de aportar su punto de vista y mejorar sus pueblos, ciudades, comunidades, etc., están por servicio público y no se llevan un céntimo, ni se aprovechan de las maquinarias institucionales, en muchos casos salen perjudicados. Este a mi parecer, habría de ser otro elemento central, por la acción de estos sinvergüenzas que llevan muchos años sirviéndose de la política, la política está claramente denostada.
Determinados poderes son intocables, véase los 60.000 millones de euros que se inyectaron a la banca, que se dijo que devolverían y que hasta quienes mintiendo lo afirmaban, ahora dicen que no recuperaremos ni uno y ese dinero ha salido de los bolsillos de todos. Cuando observamos simples cifras oficiales y apreciamos quienes contribuyen con sus impuestos al mantenimiento de la sanidad, la educación, los servicios sociales, las carreteras, el pago a los funcionarios, etc., casi inercialmente tendemos a mirar los miles de millones que los poderosos se llevan a paraísos fiscales, como contribuyen muchas de las tan influyentes empresas del IBEX a que este país sea un lugar próspero y de futuro, esto produce indignación.
En el modelo territorial, en el modelo de estado, tampoco es difícil ver como una parte de la clase política catalana, en una huida hacia delante, está pretendiendo irse de España y le importa un bledo las consecuencias que para los catalanes de a píe esto puede traer consigo. En el otro lado, con clara utilización y manipulación política, están los defensores de la patria, los partidos que durante muchos años concedieron privilegios a Cataluña y el País Vasco a cambio de un puñado de votos que consolidaran sus mayorías en el Congreso de los Diputados y sin importarles nada el perjuicio que esto pudiera ocasionar al resto de comunidades españolas.
Atemorizan con un modelo chato de nacionalismo centralista madrileño cuando se refieren al conflicto catalán, pero ahora que les ha convenido, a cambio de 5 votos y un presupuesto, han concedido al Gobierno Vasco más incluso de lo que estos imaginaban poder conseguir o por el voto de 1 Diputado, como si se tratara de un trueque meramente mercantil, también otorgan a Canarias cosas que tal vez ya debiera tener esta región hace mucho tiempo por derecho.
Se ha metido mano en la caja de las pensiones, hasta tal punto que muchos millones de españoles –entre los que me encuentro- cada día vemos con más preocupación que no cobraremos una pensión o si lo hacemos será raquítica, después de trabajar muchos años.
Las diferencias sociales cada día son más grandes, es decir, ya no hay clase media, ahora existen unos pocos que cada día son más ricos y ese enriquecimiento abusivo lo han conseguido a costa de que cada día hay más pobres, los que ya lo eran antes y que se encuentran prácticamente en la total indigencia y muchos millones que creían poder defenderse en los buenos años, que ahora asisten a la cruda realidad de tener dificultades para llegar a final de mes.
El futuro de los jóvenes cada vez es más gris, seguramente serán las generaciones mejor formadas de los últimos tiempos, pero tendrán, tienen de hecho, muchas menos oportunidades y salidas que en el pasado reciente con bastantes menos medios y formación.
Hay recorte de libertades, el control de los medios de comunicación es total, ya no hay independencia alguna, ni en los públicos ni en los privados, en los primeros son el boletín oficial del gobierno, en los segundos con una absoluta falta de objetividad, obedecen a quién está detrás y pone los dineros.
En pleno siglo XXI, todavía tenemos que asistir a ver lo que es una pensión de viudedad u orfandad y a los pocos sitios que se puede ir con su cuantía. Como se nos ha querido equiparar en muchas cosas a los países de la Unión Europea, pero en salarios seguimos a la cola de estos. Como a la cola estamos en inversiones para investigación, I + D, acogimiento de refugiados, esa lacra que padecimos y conocimos bien los españoles, pero de las que los gobernantes no se quieren acordar.
Podría escribir más, mucho más, pienso que cada uno, seguro podrá añadir cosas que ha vivido o vive en su entorno más cercano y yo me digo ¿No tenemos suficiente?, ¿Qué tiene que ocurrir más, para plantarnos y decir basta ya, para salir a la calle si es preciso y de manera pacífica, decir que no podemos continuar así, para exigir a los partidos que dicen defender políticas contrarias a estas, que por encima de cualquier otra cosa, se han de poner de acuerdo para introducir un cambio urgente que necesita este país?.
Desde el máximo de los respetos a todas las organizaciones, colectivos y personas que se consideran de izquierdas, esta es la primera tarea, la tarea, todo lo demás debe aparcarse, dejarlo en segundo lugar. Se trata de un ejercicio de responsabilidad, de los hechos y no de las palabras, de entender que los partidos son meros instrumentos, simples medios para la consecución de un fin. ¿Es revolucionario obviar esto, que todo siga igual y ser el primer partido de la oposición?, ¿Eso es teoría y praxis, lo fundamental para la práctica revolucionaria?. ¿Tiene sentido entrar en un debate sobre quién es más o menos de izquierdas?. ¿Solucionamos algo recordando la historia, no queriendo ver que todos cometimos errores, olvidando la generosidad como seña de identidad de la izquierda, no concediendo la oportunidad de rectificación o simplemente la de dar respuestas diferentes a situaciones distintas?. ¿Quiénes somos nosotros para evitar egoístamente esta posibilidad de cambiar las cosas por pensar más en clave tacticista de cortas miras, perjudicando a la mayoría de los ciudadanos?. ¿Merece la pena dar el gobierno y el poder a la derecha, por no ser capaces de ponernos de acuerdo sobre un pacto programático de mínimos, que creo no sería difícil compartir?, ¿Otra vez vamos a cometer el mismo error de que se joda la gente, que se apliquen determinadas políticas por nuestra incapacidad para ponernos de acuerdo entre nosotros?.
Ya basta a estas políticas y quizá, cabría decir también, “Ya basta izquierdas”, mirar al presente y la imprescindible necesidad de cambio ante tamaña injusticia, hacerlo será poner las primeras piedras para construir el futuro, no hacerlo pasará factura a todos, seguirá perjudicando a la mayoría, pero exigirá responsabilidades políticas a quienes se dicen de las izquierdas y no han sido capaces de primar el interés colectivo sobre el cortoplacismo de su interés exclusivamente partidario.

