Queremos, desde VOX, felicitar públicamente al señor alcalde: recibir una tarde a la semana a los vecinos de Barbastro es una gran y novedosa medida que ningún otro cargo público había realizado antes en toda la historia de España. Pero, aparte de una clara ironía, vemos un problema: esto canta La Traviata.
A un año de las elecciones, cuando las encuestas aprietan y ya se han visto las barbas de otros vecinos de partido cortar, resulta impostado, nada creíble. Si realmente le importaran los problemas de los barbastrenses, lo habría hecho cuando llegó hace tres años y no a doce meses justos de que haya una nueva cita electoral y, sobre todo, no se quejaría, ante los que acuden a verlo, de que el oficio de alcalde es muy duro y que él no se lo esperaba así.
Oiga, si no está capacitado, que claramente no lo está, para ejercer el cargo ni para lo que implican el trabajo duro y la entrega a los ciudadanos, siempre tiene una opción: dimitir. Ser alcalde debería ser una vocación, ganas de mejorar la vida de los que te rodean y, sobre todo, una labor constante, no un refugio para ganar más de 40.000 euros al año calentando la silla. Habría de ser un trabajo sin horarios y con el firme propósito de aprender, de ponerse al día en el funcionamiento interno del consistorio, y, especialmente, de lograr medidas que impulsaran el desarrollo de su ciudad. Ese empeño necesario precisa de un gran trabajo y, nuevamente, hemos podido comprobar que eso no existe.
Cuando no hay ganas de trabajar, sucede que el Ayuntamiento de Barbastro pierde 550.000 euros en subvenciones directas para invertir en instalaciones deportivas. Por si esto fuera poco, el Club de Atletismo Barbastro renuncia a acoger diversos campeonatos, incluido uno nacional, por no estar acondicionadas las pistas. Al final, la inacción se paga siempre: pérdida de prestigio de Barbastro, deportistas que se esfuerzan diariamente y ven cómo su Ayuntamiento, dirigido por un expresidente suyo, no valora ese esfuerzo, y perjuicio económico para la vida de nuestra ciudad.
Desde VOX tenemos muy claro que la economía es fundamental, que se debe mirar cada céntimo de dinero público, recordemos que siempre sale de nuestros impuestos, para no tirarlo en charlitas que destilen sectarismo, pero, y ésta pero es la clave de todo, sabemos que hay que luchar cada día denodadamente por conseguir un solo euro más que beneficie a los barbastrenses.
De aquí deriva nuestro empeño en sacar adelante nuevo suelo industrial: cada día que pasa ante la inanidad de este equipo de gobierno, nos hacemos más pequeños porque no avanzamos en industria, y eso trae como consecuencia que tampoco podemos absorber el talento ya existente en Barbastro, ni tampoco el de nuestros jóvenes. Han de irse pues aquí no les ofrecemos oportunidad alguna.
Para esto también trabajaremos, si los barbastrenses nos otorgan su confianza: regular nuevo suelo industrial en la zona del antiguo cuartel General Ricardos, con la creación allí de un polígono blando y la consiguiente construcción de un aparcamiento de camiones, que es absolutamente necesario en Barbastro, así como en la implantación de oficinas en la Coronelía, a fin de aprovechar el edificio, o el traslado a ese mismo espacio de la Concejalía de Desarrollo para integrarla, de manera más eficaz y localizada, en esta nueva red industrial, aparte de la posible construcción de viviendas sociales propuesta por la Alcaldía.
Hemos perdido en los últimos veinticinco años gran parte de nuestro potencial, tirado a la alcantarilla de otros tiempos mejores ya pasados, por el gobierno del PSOE y, lamentablemente, también por el actual gobierno del PP, que no ha hecho nada para revertir esta situación. Perdimos Moulinex y cuatrocientos trabajadores sus empleos, que llegaban a quinientos treinta con los indirectos; con la desaparición de Transportes de Aragón, setenta; la Brilén también cerró su sección de hilado y estirado, lo que afectó a setenta trabajadores. Es un suma y sigue de decadencia económica.
Un sangrado continuo que nos relega a la irrelevancia, a vivir de glorias pasadas como hacía la señorita Havisham de Dickens. Pero nosotros creemos que no solo no estamos acabados, sino que tenemos muchísimo que ofrecer: grandes profesionales y grandes oportunidades de negocio.
Asumir que sí estamos hundidos es rendirse. Pero esto hay que saber hacerlo y, sobre todo, hay que querer hacerlo. Implica trabajo, esfuerzo, desvelos y constancia. Nosotros somos conscientes de la responsabilidad que conlleva, pero también de los beneficios que se podrían lograr para nuestra ciudad. Podemos conseguir que Barbastro vuelva a ser lo que una vez fue y que entre todos han querido enterrar, nosotros nos dejaremos la piel por nuestros vecinos, es lo menos que se merecen.

