El historiador y escritor José Antonio Adell se sumerge de nuevo en la novela histórica y en tierras del Somontano para contarnos la vida y la lucha de San Ramón (Raymundo Guillermo), segundo obispo de la diócesis y patrono de ésta y de la ciudad del Vero. ‘Pugna entre mitras’ es el título de su libro 47 (novela número úndecima) que el literano presentará en el Museo Diocesano el 18 de junio a las 19.00, dentro de los actos con motivo de la festividad del santo. Y el día 21, día de San Ramón, Adell lo presentará en la catedral de Roda, de donde también es patrón.
El título ya nos deja a las claras la lucha de este obispo francés para defenderse de las continuas aspiraciones anexionistas del obispo de Huesca, Esteban, que perseguía el control de la diócesis Barbastro – Roda. Finalmente lo consiguió, con el apoyo del rey Alfonso I el batallador en agosto de 1116, mandando a San Ramón al exilio a Roda de Isábena, pese a tener el apoyo del papa. “Ramón se marcha de la catedral de Barbastro tras ser expulsado por el ejército llorando y descalzo. Le sigue una multitud de vecinos hasta que se despide de ellos en el monte que lleva su nombre y ya no regresará más a Barbastro”, apunta Adell.
San Ramón, en el libro de José Antonio Adell
La novela establece el conflicto de intereses que existía entre ambas diócesis y sus límites. Esteban consideraba que la frontera se debía establecer en el Cinca y San Ramón en el Alcanadre. Pero también se cuenta su preocupación pastoral y su consagración de templos por el Pirineo (Sopeira, Puebla de Castro, Alquezar, Fornillos, Boi y Taul, …), dos aspectos que lo distinguirían, así como su cercanía con el pueblo, su caridad, su cultura y pasión por el arte. “Era un avanzado para la época, solo hay que ver su ajuar fúnebre de Roda, su mitra, su callado, … tiene relaciones con muchos lugares de Europa, en Francia o Roma, y visita a su fieles, lo que tiene que hacer un obispo, no estar al lado de los reyes luchando como hace Esteban”, comenta.
El libro llega un año antes del 900 aniversario de su muerte (1126) en Huesca, en la iglesia de San Vicente que paradojas de la época pertenecía a la diócesis de Roda – Barbastro. “Es un santo muy conocido y con mucha devoción”, cuenta Adell quien se ha propuesto contextualizar los enfrentamientos con Esteban pero no solo ya que también hubo pugnas con el prelado de La Seo de Urgell, la relación del rey Alfonso con Urraca de León, … Época convulsa la Alta Edad Media.

Un recorrido por la vida de San Ramón
A pesar de ser guerrero, tras recibir la llamada de Dios, Raymundo Guillermo dedicará su vida a la obra pastoral, aunque deberá acompañar al rey en sus conquistas por tierras musulmanas hasta Granada, como hacía el obispo Esteban, hombre de genio y carácter altivo, muy ambicioso que aspira a convertirse en obispo de Zaragoza.
“Los sucesivos papas apoyan siempre a San Ramón en la cuestión de los límites, un problema que hemos visto también ahora”, comenta Adell en alusión a los bienes eclesiásticos que enfrentaron en los tribunales a la diócesis Barbastro – Monzón con la de Lérida.
La Diócesis de Barbastro – Roda y ahora Barbastro – Monzón se asentará sobre la devoción a sus dos primeros obispos, Poncio y Ramón, ambos santos y de origen francés. Adell explica la procedencia de Francia “porque traían la reforma, el rito romano frente al mozárabe de la península. Los papas querían unificar los ritos de la Iglesia y se impone el romano”.
Pedro I nombró a Ramón como obispo tras conocer la buena fama que ya acarreaba como abad, aunque su nombramiento en 1104 como prelado se produjo bajo el reinado de su hermano Alfonso I el Batallador. “La obra cuenta toda su vida, desde que entra en la milicia hasta su muerte el 21 de junio de 1121 en Huesca. Se habla de los tres reyes que coinciden con su vida, Sancho Ramírez, Pedro I y Alfonso el Batallador, la relación con otros obispos como Esteban o San Odín, de Urgel, … Hay otros personajes e historias paralelas”, señala Adell.
La admiración de Adell hacia este santo
Con esta obra, el escritor espera arrojar luz sobre un santo por el que siente “mucha admiración. Frente a otros obispos que actuaban como señores feudales, Ramón se dedicó a sus fieles y se preocupó por las personas humildes y también protegió a musulmanes y judíos. Es muy conocido en esta diócesis, pero me gustaría que tuviera más proyección y que se universalizara. Es de admirar la resignación como llevó todo su calvario. Dentro del catolicismo sería muy avanzado, los tres últimos obispos que hemos tenido en esta diócesis (Omella, Milián y Pérez) son dignos sucesores de San Ramón”.
José Antonio Adell escribe un libro sobre el cura José María Cabrero


