Para nuestra mente inconsciente tanto lo que sucede como lo que no sucede, es real. Es decir, nuestra mente, no distingue lo real de lo imaginario. Solo tienes que imaginar un plato delicioso y automáticamente tus glándulas comienzan a segregar saliva. Lo mismo sucede cuando imaginamos situaciones que nos generan miedo o estrés, nuestro cuerpo automáticamente se pone en acción liberando cortisol y otras hormonas que nos preparan para la huida. Pienses lo que pienses vas a vivir la consecuencia emocional de aquello que has pensado. ¿Te das cuenta de lo que esto supone? Nuestra mente puede ser nuestro mejor amigo, pero también nuestro peor enemigo.
Todas nuestras vivencias tienen una parte real y otra narrada y algo distorsionada, pero que a fuerza de repetirla se ha instalado fuertemente en nuestro interior generando toda una serie de síntomas diversos.
Cuando sientes que dichos síntomas están ganando terreno en ti en forma de rencor, tristeza, estrés, ansiedad, enfermedad… Tal vez es hora de revisar tu propia historia, volverla a mirar pero con los ojos del adulto que eres ahora, no del niño que fuiste. Ello exige valentía, consciencia, compromiso y responsabilidad. Valentía para abrir puertas en tu interior que, debido al dolor, han permanecido cerradas durante mucho tiempo. Compromiso contigo para realizar este viaje de autoconocimiento a lo profundo de tu ser que te va a llevar a tomar consciencia de muchas partes de ti y te va a permitir sanar heridas que quizás no sabías ni que existían. Responsabilidad para llevar a cabo cada uno de los cambios que te llevarán a convertirte en una mejor versión de ti mismo.
El camino no es fácil, está lleno de altos y bajos, de momentos de conexión profunda y también de dudas y desconexion.
No obstante, te aseguro que merece la pena recorrerlo.



