“No hay una sucesión viable. Cuando miras atrás y ves que nadie sigue tus huellas, no puedes acompañar tu declive personal y físico con el de la empresa. Al no seguir nadie y encima tener todos la edad rebasada de sobras, de seguir así íbamos a un precipicio y no sería Casa Artero. Sería una sombra. No somos ni mejores ni peores, pero hemos tenido una forma de hacer las cosas”. Así de tajante se expresaba en el anterior número de Ronda Somontano Enrique Albert, uno de los socios que hasta este mes de junio han mantenido el negocio familiar fundado a mediados del siglo XIX, entones llamado Casa Bosque. “Lo nuestro es algo más que comprar y vender, te implicas”, asevera Enrique y esa máxima bien podría definir lo que ha supuesto Casa Artero para tantas generaciones.
Dedicado a la venta al por mayor y al detalle de todo tipo de artículos, con preferencia por el género textil y la mercería, lo que hasta hoy henos conocido como Albert Artero lo funda en Barbastro en 1843 Vicente Bosque Argueras, abriendo sus puertas en la misma ubicación que todavía ocupa: la esquina entre las calles General Ricardos y Oncinellas.
“En este mismo lugar que hace casi 180 años desarrollamos hoy, la misma familia, una actividad no poco similar a la del primer día: la venta cercana, de carácter humano y de confianza de un gran catálogo de artículos para todo tipo de necesidad”, relatan.
Su oferta de una gran variedad de productos a precios competitivos ha hecho de él un referente del comercio rural en la provincia de Huesca y sus comarcas limítrofes durante sus casi dos siglos de historia. Entre 1919 y 1935, se encuentra documentada una actividad importadora de artículos para distribuir, especialmente desde Alemania (Solïngen y Hamburgo) y Bohemia (Eslovaquia), que se interrumpe drásticamente con el estallido de la Guerra Civil, en la que el negocio es colectivizado desde 1936 hasta abril de 1938, sufriendo graves daños materiales en esa fecha como consecuencia de un bombardeo.
A Francisco Artero Bosque que rige el negocio desde 1929, le tocan las labores de reconstrucción y continuación de la actividad tras la guerra, en los duros momentos de escasez y racionamiento. En el año 1963 el desbordamiento del río Vero como consecuencia de unas lluvias torrenciales, afecta gravemente al negocio, al alcanzar el agua 1,87 metros sobre el nivel de calle.
Se continua a duras penas la actividad que al final obligan a Francisco José Albert y su esposa Concepción Artero en 1969 a la demolición del edificio, gravemente afectado, y sin detener en ningún momento la actividad mercantil, se procede a levantar un nuevo edificio, que es el que se ha ocupado hasta las fechas del cierre definitivo.
En 1989 se adoptó la forma jurídica de Sociedad Limitada, pasando a formar parte de la misma los cuatro miembros de la familia Albert-Artero que han continuado la actividad mercantil.
La noticia del cese de uno de los negocios más antiguos de Aragón ha generado una cascada de emotivas despedidas de muchos clientes, incluso allende los mares. “Hemos recibido infinitas muestras de cariño. Me han llamado desde Argentina, desde Madrid ‘¡qué pena, qué pena!’, nos dicen pero a la vez la gente entiende que debemos de descansar y que hay que hacer las cosas bien y no prolongar la agonía”, afirma Enrique. “A nadie les duele más que a nosotros, que ha sido nuestra vida, pero las cosas tienen un final. Además, antes la sucesión era más fácil porque te la imponía la propia familia. Ahora en los tiempos de libertad, cada uno elige su vida y su futuro”.
Casa Bosque abrió sus puertas a finales de junio y en junio las cerrará Casa Artero, una fecha buscada para cerrar un círculo.





1 comentario
que busquen a un matrimonio serio sudamericano y les enseñen las artes del negocio,,,,