Ángel Pérez ha cumplido dos años de su ordenación como obispo en la catedral de Barbastro y con este motivo recordó, el miércoles, la primera llamada desde la Congregación para los Obispos el 27 de diciembre de 2014 para notificarle la decisión, “el Papa Francisco te necesita”. En clave de humor, “me pilló con el pie cambiado y después del primer escalofrío ha habido muchos más”. A partir de entonces ha estado cuatro veces con el Papa, “conoce el Alto Aragón y sabe todo lo que hacemos”.

En el tiempo que lleva al frente de la diócesis, “el balance es bueno, soy feliz y estoy contento por la acogida. Hasta ahora he recibido más de lo que he dado. La gente ha sido cariñosa y receptiva, he podido expresar lo que siento en cada momento. Mi compromiso único ha sido sencillo, amar y servir al pueblo ojalá esté a la altura de las expectativas”. La agenda de Ángel Pérez está “cargada de compromisos diarios” casi siempre, “es cierto que ha sido intensa para ver la Diócesis a través de los ojos de los propios diocesanos. Hasta ahora, he visitado 153 de 254 localidades, o sea me quedan cien pero disfruto mucho con la gente”.
En este sentido indica, “cuando me preguntan mis compañeros les digo que debo ser un irresponsable porque en Barbastro-Monzón me va bien, sobre todo porque la acogida ha sido excelente”. La reestructuración diocesana con la reducción de seis a cuatro arciprestazgos, la dotación a la Curia de un equipo “suficiente, eficiente y práctico” y la continuidad del impulso pastoral son algunos aspectos destacados de su trabajo en dos años, “en una diócesis rural como ésta hay que cuidar su futuro y suscribo las palabras del Papa Francisco cuando se refiere a los jóvenes como diamantes en bruto para pulirlos y darles brillo”.
La primera convocatoria en Roda de Isábena deparó una respuesta sorprendente por parte de los jóvenes y después surgieron otras iniciativas de éxito, entre las que destaca “la creación de comunidades para que se expresen con libertad. Las noches claras que tenemos una vez al mes en Monzón son muestra de la gran aceptación que se repitió, con creces, en la visita del Padre Damián. La delegación de Pastoral Juvenil sigue esta línea de trabajo y aceptación”.
En esta línea, reiteró su estado “de felicidad porque el trabajo no me asusta mientras el cuerpo aguante. Estar con la gente es una gozada en medio de la oración diaria, los sacerdotes me han ayudado y he visto la diócesis por sus ojos. Ahora bien, la figura de los animadores de comunidades, en equipo de sacerdotes y seglares es fundamental por necesaria y se ha conseguido en una diócesis de características específicas donde el 10% de la población está muy diseminada”.

Se muestra “agradecido” a los altoaragoneses por su contribución a la diócesis definida en términos de “misionera y martirial con deseos de bálsamo para ancianos que están solos y jóvenes a quienes, quizás, hay que buscarles un futuro”. En cuanto a los desafíos y retos, “la simplificación de estructuras y la revitalización de cada uno de los agentes pastorales para impulsar la tarea evangelizadora en la Diócesis, entre otras que se han llevado a cabo. En clave de sol-misión”.
En el transcurso del segundo año, ha realizado visitas a Colombia para conocer a las familias de sacerdotes que trabajan en la Diócesis, a Tierra Santa y a numerosas localidades. En especial, despertó interés mediático su labor en el Año jubilar de la Misericordia y como coordinador de pastoral penitenciaria con visitas a reclusos de las cárceles de Zuera y Daroca “por Navidad” con entrega de tarjetas para llamadas de teléfono, “para ellos fue una válvula de oxígeno y para mí gran experiencia”.
El pasado 14 de enero el Ayuntamiento de Ejea le nombró Hijo Predilecto por unanimidad. Ángel Pérez es el obispo aragonés número 24 en la historia de la Diócesis en la que solo hay un precedente ejeano, Miguel de Cercito (1586-1595) que bendijo la iglesia de Cregenzán y está enterrado en el presbiterio de la Catedral.




