En la reunión de portavoces del martes 26 de enero, minutos antes del pleno, el equipo de gobierno de nuestra ciudad introdujo por sorpresa una moción sobre la presentación de la candidatura de Barbastro para albergar el Centro Logístico del Ejército de Tierra.
El jueves 4 de febrero, apenas ocho días después, la prensa daba la noticia de que era Córdoba, ciudad que llevaba meses preparando su candidatura y que presentó un informe de 94 páginas, quien se llevaba el gato al agua.
Nos hubiera gustado que el equipo de gobierno también llevase tiempo haciendo un estudio profundo para presentarse a un proyecto de tal envergadura. Sin embargo, no fue así, ante la urgencia de llevarlo a pleno y la nula información al resto de representantes, entendamos que se pensó unos días antes. Aun así, entre votos afirmativos y abstenciones, se aprobó en pleno. Sólo Barbastro en Común votó en contra. A esto hay que añadir que todos sabían que Barbastro no tenía ni por asomo las casi 80 hectáreas que al final se van a necesitar para semejante proyecto.
¿Cómo íbamos a dejar pasar una inversión de 350 millones de euros? Pero, ¿de verdad suponía la creación de 1.600 puestos de trabajo para los ciudadanos de Barbastro?
Quizás el resto de los grupos no pensaron que la inversión se la lleve una UTE de las grandes empresas españolas o qué Barbastro sea incapaz de proporcionar vivienda, educación, sanidad y otros servicios a los 760 militares con sus respectivas familias (se podría doblar esta cifra si contamos los familiares) y todos los civiles que tendrían que venir de fuera para cubrir alrededor de 1000 puestos más de trabajo especializado (posiblemente muchos de ellos también vendrían con sus familias). ¿Acaso pensaron que nuestros conciudadanos menos favorecidos serían incapaces de pagar un alquiler ante la previsible subida incontrolada de estos? Hay que probar…
Nos parece una grave irresponsabilidad la presentación de esta candidatura, sin ningún proyecto serio que la respalde, sin ningún estudio sobre las consecuencias de estas instalaciones para nuestra ciudad. Más nos sorprendió que el resto de oposición, al abstenerse, fuera igual de irresponsable, solo porque a primera vista, votar que no parecía “menos popular”. Trabajar por Barbastro no es improvisar. No todas las inversiones son buenas para las ciudades que las reciben, por ejemplo, el aeropuerto de Huesca, en el que los políticos de casi todos los partidos apostaron por tirar el dinero en lugar de invertir en infraestructuras más pequeñas y necesarias como el nuevo centro de salud de Barbastro.
Lo que necesita Barbastro es que el equipo de gobierno cree líneas claras de desarrollo. Todavía no tenemos una línea clara de ciudad. Hay que saber a dónde vamos, que ciudad queremos.
Para estas decisiones sería necesario un proceso participativo, convocar un consejo ciudadano.


