El Barbastro se agarra al partido en Caspe como una inyección necesaria para recuperarse de su prolongada situación endémica de siete partidos consecutivos en la cola con los riesgos que conlleva. Las recientes declaraciones del meta Pablo Sanz destilan una mezcla de ansiedad, ganas y preocupación no exenta de confianza entre la plantilla, aliñadas con “trabajo, mucho trabajo” para dejar esta dinámica negativa.
La situación pasa también por marcar goles porque los rojiblancos solo han conseguido 4 en 630 minutos de juego y condenan al equipo al lastre de llevar el farolillo rojo después de siete partidos de Liga. Por ahora, con Villanueva no ha ganado ninguno y con cifras estadísticas está entre los doce equipos de dieciocho grupos de Tercera que no se han estrenado.
De ahí que el encuentro del domingo próximo en Caspe (17 horas) sea vital para mitigar las necesidades rojiblancas, entre otras cosas, porque son puntos de permanencia -a estas alturas de la Liga- frente a un rival directo en el mismo objetivo. El Caspe es antepenúltimo con 5 puntos, de 1 victoria, 1 empate y 4 derrotas con 6 goles marcados y 10 encajados. Utebo y Santa Isabel -que reacciona- marcan la permanencia con 6 puntos.
Los caspolinos han regresado a Tercera División después de pasar dos temporadas en Regional, de la mano de un técnico de casa, Juan Carlos Burillo, entre los veteranos del fútbol aragonés. Mantiene casi toda la plantilla de la temporada pasada, el 80% son jugadores de Caspe y de la zona, la mayoría han debutado en Tercera División esta temporada.
Está entre las plantillas con menos novedades con cuatro incorporaciones, Sánchez y Estopiñán (Almudévar), Úbeda (Quinto) y Doménech (Real Zaragoza juv). La media de edad es de 24 años. El objetivo es la permanencia y las características del Campo “Los Rosales” pueden ser una de las claves, con apoyo de la afición que es numerosa. Una victoria local daría 8 puntos y dejaría “descolgado” al Barbastro que si gana quedaría con 4 puntos.



