Es evidente que para cursar latín (y griego) hace falta vocación (del latín “vocatio, -onis”, llamada), gusto por la gramática, sintaxis y morfología castellana (o de la lengua materna y de otras extranjeras), como así lo atestiguan las cuatro alumnas de nuestro IES que obtuvieron un más que digno 2º premio en el Concurso regional de traducción de latín organizado por la ARASEEEC (la Sociedad Española de Estudios Clásicos de Aragón), además de la concesión de varias Matrículas de Honor en 2º de Bachillerato, y que el estudio de aquellas ayuda a nuestro alumnado a aprender, entender y comprender mejor casi cualquier otra, pues se trata de lenguas muy lógicas donde cada pieza encaja a la perfección en la oración: El análisis sintáctico debe plantearse como un problema matemático, con sus pasos, preguntas y reflexiones, hasta alcanzar el resultado final: la traducción en un castellano (u otra lengua) coherente y correcto, que respete en todo momento esos pasos y reflexiones previos.
Por desgracia, nos encontramos con alumnado con una falta aplastante de lógica (que en general sí suele tener el alumnado de ciencias), que desconoce, verbi gratia, qué es un verbo transitivo, no diferencia un CD de un CI, no reconoce una aposición, un atributo o un complemento predicativo, o no sabe distinguir un “que” en una subordinada adjetiva, sustantiva o adverbial. ¡Cómo van a entenderlo en latín, y eso que en esta lengua muchos de esos escollos son más fáciles de salvar!
Pero el estudio de la lengua latina (y griega) es mucho más que sintaxis: Es comprender y aprender el origen y el significado de nuestro propio léxico, buscar derivados cultos, realizar con éxito la evolución fonética, conocer la mitología y la literatura (y su influencia en las literaturas europeas), la historia, la filosofía, la medicina, las leyes e instituciones, la arquitectura, todo el legado arqueológico, la cocina, y, en general, todo lo que representa la cultura clásica.
Pese a lo antes dicho, nuestro alumnado, pudiendo cursar en los centros de secundaria hasta 3 años de latín (y optimistamente, dos de griego), en el mejor de los casos sólo lo cursa en 2º de Bachillerato, únicamente por escapar de la asignatura de matemáticas, con el lastre antes comentado, sin ninguna vocación y teniendo que hacer el profesorado encaje de bolillos para tirar de ese alumnado y sacarlo adelante (y, obviamente, sus resultados luego en las pruebas de acceso a la Universidad son más bien flojos, como he podido comprobar en más de una ocasión).
También puede cursar la carrera de Estudios hispánicos sin haber tenido nunca contacto con la lengua madre, y se comprenderá qué jugo puede extraerse en apenas unos meses de “estudio” en 1º de dicha carrera.
No debe extrañarnos que el estudio de estas bellas y apasionantes asignaturas (con mucha más utilidad de lo que le gente cree) estén desapareciendo de los centros escolares. ¡Una pena!


