Hay momentos de nuestra existencia en los que el misterio de vivir adquiere una naturaleza casi telúrica, entendido “telúrico” como la influencia del suelo de una comarca sobre sus habitantes. Esta fuerza mítica que nos une a la naturaleza es la que yo sentí cuando me trasladé a vivir al Somontano y comencé a conocer a sus gentes, sus comercios y su realidad humana y social.
De entre sus comercios, la librería Ibor (antigua imprenta de Gráficas Barbastro) se erigía dentro del conjunto de las tiendas y establecimientos barbastrenses con mayor tradición y presencia en el territorio y en el tejido económico y cultural de la provincia de Huesca.
Tras más de 75 años de historia, de amor por la letra impresa y por los libros, los barbastrenses y los lectores de cualquier edad y procedencia debemos resignarnos a presenciar el final de esta andadura humana y comercial sustentada en la la defensa de la cultura y en la conservación del saber.
La librería Ibor ha anunciado el cese de su actividad, una noticia triste y dolorosa que coincide con la muerte de Beni. Bienvenido Ibor (Beni para todos los que lo conocimos y admiramos) se ha ido de la mano de su mayor obra: la librería que lleva su nombre y el de toda una generación volcada con los clientes y con los lectores, cercana a los escritores, consejera y mediadora de las editoriales y abierta a los nuevos desafíos del mercado y de los nuevos tiempos; siempre disponible para las familias que se acercaban a la tienda a comprar el material escolar o los libros de texto de sus hijos.
Beni, se diría que elegiste dar ese último paso, en ese “viaje definitivo” del que hablaba Juan Ramón Jiménez, en el momento en que se cerraba la puerta de tu casa, la vitrina de la librería que nos acogía y abrazaba por entero a todos tus compañeros y amigos.
Pero desearía que supieses que, cuando entrábamos en tu librería, la fragancia de los libros y cuadernos que vendías nos convertía en algo más que clientes; nos regalaba la felicidad de saber que allí íbamos a ser invitados a saborear la magia de la palabra llevados por el hechizo de la tinta y del papel, y éramos algo más que clientes; éramos afortunadas criaturas de la creación a quienes les había sido donado el misterio de la letra impresa y de las lenguas.
Por eso, Beni, en los libros que nos aconsejaste y reservaste desde tu templo humano permanecerán eternamente el calor y la ilusión por descubrir territorios desconocidos, nuevos horizontes de vida que solo tú y tus inestimables colaboradores supieron conservar entre las páginas de un libro. Gracias por tu legado y por tu ejemplo, Beni.
Gracias, Rosa; gracias, Pili; gracias, Reyes; gracias a tus predecesores, que supisteis convertir la imprenta librería Ibor en un ejemplo de dedicación a la ciudadanía y un modelo de humanismo entre generaciones. Siempre os estaremos eternamente agradecidos en honor de nuestro particular templo sagrado de los libros.





2 comentarios
Bellas palabras para un bellísimo lugar.
qué preciso y que verdad y amor reflejan.