De esta forma aquí en Barbastro el nombre del hostal-restaurante y de la bodega Pirineos deriva del de una bella princesa bebricia, llamada Pyrene (en griego Πυρήνη, “de fuego”), que se enamora del héroe Heracles (o Hércules), cuando este iba de paso por la Península, para cumplir uno de los doce trabajos que tenía encomendados.
Ambos se veían a escondidas en los bosques de Iberia, pero Tubal, el padre de Pyrene, le prohibió volver a verse con él, y al héroe lo echó de sus dominios, aunque no se marchó del todo. Más tarde Gerión, un gigante de tres cabezas, se enamora de Pyrene, mas esta no le corresponde, ya que sigue enamorada de Hércules, por lo que la persigue y la obliga a internarse en los bosques, a los que incluso pega fuego para forzarla a salir.
La princesa, empero, en su huida se interna aún más y, atrapada en el fuego, comienza a llorar su fatal destino (de donde brotarán los ibones del Pirineo). Así pues, tras ser avisado Hércules por el águila de Júpiter de lo que le ha pasado a su amada, acude a su lado para verla finalmente morir. El héroe muy apenado la entierra en lo más profundo del bosque y comienza a apilar rocas sobre su tumba para formar un gran túmulo funerario.
Según el mito, puso tal pasión que el enorme mausoleo acabó convertido en la misma cordillera de los Pirineos que lleva su nombre en honor a la princesa (recordemos ya de paso que esta palabra, primero en Latín –Pyrenaeum-, luego en Inglés -Pyrenees-, Alemán -Pyrenäen- o Francés -Pyrénées- se escribe con /y/, la transcripción de la /υ/ griega, como vemos también en el grupo barbastrense Scout Pyrene 692).



