De pequeños nos repetían una frase que parecía referirse solo a los deberes del colegio: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Lo decían nuestros padres mientras aplazábamos una tarea que aún tenía fecha lejana. Entonces pensábamos que siempre habría tiempo, que una semana era casi infinita.
Crecimos, pero la ilusión de que el tiempo se estira no desapareció del todo.
La vida, sin embargo, no es una libreta donde puedan pedirse prórrogas. Es frágil, limitada, irremediablemente efímera. Y, aun sabiéndolo, vivimos como si el mañana estuviera garantizado. Posponemos abrazos, retrasamos reconciliaciones, guardamos palabras de afecto que merecerían ser dichas en voz alta. Creemos que habrá otro momento más oportuno, menos incómodo, más perfecto.
Cuando alguien muere, entonces sí encontramos las palabras. Las flores, los discursos, los homenajes llegan puntuales. Y son necesarios: honrar a quien se ha ido es una forma de agradecer su paso por nuestra vida. Pero hay algo que debería dolernos más que la ausencia: haber amado en silencio cuando todavía había tiempo.
La muerte merece memoria; la vida merece presencia.
De poco sirve ensalzar virtudes cuando ya no pueden oírse, si en vida no supimos celebrarlas. De poco consuela llenar de elogios una despedida si antes no llenamos de gestos los días compartidos.
Quizá valorar la vida consiste en comprender que su brevedad es precisamente lo que la hace sagrada. Que cada encuentro es irrepetible. Que cada discusión puede ser la última oportunidad de pedir perdón.
Si algo nos enseñaron aquellas tareas infantiles era más profundo de lo que creíamos: lo verdaderamente importante tampoco debería dejarse para mañana.
Amemos mientras están. Digámoslo mientras escuchan. Porque la vida, antes que recuerdo, es presencia.



7 comentarios
Muy buena reflexión a la que añado que la muerte no es el final sino el principio de la vida verdadera y lo que no hicimos en su momento lo podemos hacer después con nuestra oración por el ser amado. En la eternidad no hay tiempo.
Excelente reflexión. Regards.
Está genial como siempre..
espectacular , orgullosísimo de ti
Bella reflexión, Gabi.
Impresionante como escribes, enhorabuena por otro genial artículo. Me quedo con la frase: «La muerte merece memoria; la vida merece presencia. «
Así es preciosa, te superas siempre Gabriela!!