La desinformación genera polarización y enfrentamiento
Marc Marginedas (Barcelona, 1967) intervino en las 41 edición de las Jornadas Universitarias de los Pirineos, celebradas en julio en Barbastro. Periodista por la Universidad de Navarra (1990), ha sido corresponsal y enviado especial en numerosos conflictos armados como la guerra civil de Argelia, Irak, Afganistán, Israel y Siria, la ‘primavera árabe’ en Túnez o Libia.
Actualmente, Marc Marginedas trabaja para ‘El Periódico de Catalunya’. Ha recibido los premios Vázquez Montalbán, Cirilo Rodríguez y Luka Brajnovic, y ha plasmado sus vivencias como corresponsal en el libro ‘Periodismo en el campo de batalla’ (RBA) y en el documental “Regreso a Raqqa”.
Durante su cobertura de la guerra siria, fue secuestrado en septiembre de 2013 por el autodenominado Estado Islámico durante seis meses. Ante una pregunta en el coloquio celebrado en la Bodega Laus dijo: “Veo a mis secuestradores como personalidades dañadas, meros ejecutores…que han malgastado su vida y que afrontan una cadena perpetua”.

LAS VÍCTIMAS, LO PRIMERO
Ha hablado de la aureola romántica de los corresponsales de guerra
cuando decidí cubrir esas informaciones de conflicto, lo veía como una aventura que te permitía destacar y firmar portadas. Pero hay que ser humilde y no ser un buitre que no respeta y para el que el fin justifica los medios. Me he arrepentido alguna vez de esa agresividad, de ese morbo que hace daño o no sirve.
Una responsabilidad que tenemos es prever los efectos de lo que vamos a contar, que puede perjudicar a terceras personas. Recuerdo que tras ser liberado no podías contar todo, porque estaban amenazados de muerte los que seguían cautivos.
Me preocupan las personas que sufren, las víctimas. Esa persona que ha sido objeto de violencia es nuestro protagonista, y hay que ponerse a su altura, ayudarla en su dolor y desamparo.
HAY QUE ESTAR Y DENUNCIAR
En recortes de gastos en las empresas informativas, es muy importante estar físicamente donde suceden los hechos, aunque suponga un gasto importante?
Es muy importante estar sobre el terreno y comprobar, verificar. Creo que hay mucho pseudo periodismo con la guerra de Ucrania, y a veces no se aportan pruebas. No se puede informar desde la ideología ni desde la ausencia física, hay que hablar con los afectados. El periodismo de guerra debe transmitir la verdad y hacer el bien, con una satisfacción que es parte de tu salario.
Tenemos que denunciar, porque no hacerlo facilita que las partes sigan con sus atrocidades. Tenemos que hacernos preguntas, del estilo de qué sabían Putin y Netanyahu del ataque de Hamas. O insistir en que matar a 30.000 personas es un crimen contra la humanidad. Tenemos la misión de contar lo que pasa en los conflictos, y a la vez mantener cierta distancia, como un médico no se queda bloqueado en cada operación y sigue trabajando.
¿Es clave hacerse preguntas?
Estar sobre el terreno te plantea preguntas, ver que las cosas son complicadas, que hay causas que las partes ocultan. Cubrir una masacre en directo te llena de dudas sobre los autores y las víctimas, que tienen nombre y apellidos, no son sólo cifras. Poder hablar con los afectados es clave. Puedes denunciar que la violencia no es unidireccional sino multicausal, incluso impulsada por el Estado.
PERIODISMO Y LUCHA POR LA VERDAD
¿Cómo entiende la profesión periodística?
Es vocacional, se lleva en la sangre, porque parte de tu salario es la satisfacción de haber explicado cosas, de haber contribuido a transformar, a que la sociedad sea menos manipulable. Eso es muy importante. la profesión te devuelve con creces lo que tú entregas, incluida una parte de tu ser.
Creo que los periodistas tenemos un papel importante, porque con la información empoderamos a la sociedad para que sea más libre, menos manipulable. Y empujamos para que las fuerzas políticas mayoritarias vean en esta desinformación una amenaza a la democracia. Faltar a la verdad facilita la polarización y es un riesgo para la democracia y podría derivar a regímenes autoritarios. El periodismo es lucha por la verdad.
¿Cómo valora sus 11 años de trabajo en Rusia?
Ahora Rusia no busca generar simpatía o que la crean, busca contaminar el espacio informativo con tantas versiones que al final la gente acaba no creyendo en nada. Y lo consigue. Sirva como ejemplo de confusión el derribo del avión malasio en 2014. De ese tiempo, especialmente en los últimos siete años, he vivido ataques diarios a la verdad. Pienso que Rusia usa el terrorismo como herramienta estratégica para amenazar a Occidente.


