Si eres una persona altamente sensible, tu gran empatía te ayuda a detectar rápidamente las necesidades de los demás. Esta cualidad positiva conlleva el riesgo de vivir más fuera que dentro, minimizando tus propias necesidades, dejándote para último lugar. A la larga, esta falta de contacto con tu cuerpo, con tu energía y con tus emociones, puede hacerte caer en vacíos energéticos, enfado, extenuación e incluso resentimiento.
Puesto que es en las relaciones personales donde ésta gran sensibilidad suele pasarte factura, es imprescindible que aprendas a poner límites, decir NO de manera asertiva y sin culpa.
A veces estamos más cómodos dando qué recibiendo, pero detrás de esa conducta aparentemente altruista, se esconden necesidades no satisfechas en la infancia que controlan y dirigen sin que seas consciente, tu conducta como adulto. La necesidad de ser visto, reconocido, valorado, querido y la necesidad de recibir amor.
SI sientes que la vida te pesa, si vives tu vida por y para los demás, si no recuerdas la última vez que hiciste algo para ti… seguramente estés cansado, estresado y con un sube y baja emocional constante que te desgasta y desgasta la relación que tienes con tus hijos, pareja… generándote culpa y malestar.
Quizás no sientes nada de esto porque te has desconectado totalmente de ti. Entonces, te invito a que te formules la siguiente pregunta: ¿y yo qué necesito? Tómate tu tiempo y una vez encuentres la respuesta, ¡hazlo! Ponte como prioridad, comienza a darte todo aquello que necesitas: tiempo, atención, amor…
Es hora de volver a ti y de llenarte de todo aquello que diste a los demás y que en ese dar sin medida olvidaste cómo dártelo a ti mismo. De conectar con tu cuerpo, tus emociones y tomar consciencia hasta qué punto tu mente ha tomado el control de tu conducta, impidiendo que conectes con el sentir.
Es hora de mirarte con compasión, nutrirte y darte el cuidado y atención que mereces.
Cuando cambias la relación que mantienes contigo y comienzas a tratarte con respeto y con amor, irradias al exterior todo ello como un gran Sol. Entonces, como por arte de magia, las personas comienzan a tratarte con ese mismo respeto y cariño. Por fin comprendes que el exterior es tan solo un reflejo de la relación que mantienes contigo y que cada persona «difícil» que se cruza en tu vida te está enseñando el camino de vuelta a ti, de vuelta al AMOR, a tu esencia.
Puedes leer otro artículo sobre Pilar Pera a través de este enlace.


