Recuerdo el último día contigo en casa, “charrando”, y mirando algunas de esas revistas chulas cargadas de novedades que siempre tenías a mano.
Ojeando una de ellas, recordé aquella muñeca de cartón que tuviste durante años en un estante de tu dormitorio. Parecía sacada de un bazar indio, por los colores exóticos del traje y el pelo pintado de color amarillo tirando a dorado.
No sé porqué tengo el recuerdo de haberla comprado contigo en aquella cestería situada en los bajos de una casita en la calle Campo. Los dueños eran un matrimonio encantador; creo que se llamaban Matilde y Ramón.
Te pregunté si todavía la conservabas y me dijiste: ¡A saber dónde la metí!. Puede estar en el trastero, en alguna caja por el garaje o simplemente la debí dar o tirar. Algo muy propio de ti, por cierto. Siempre tan generosa a la par que tiradora.
Bajé al trastero y no estaba. Cuando volví a casa me comentaste que no me preocupara, que seguro que aparecería en una de esas cajas del garaje y que si no la encontraba, me regalarías otra. Tú siempre procurando que no me faltara ningún capricho.
Me acuerdo del día de Reyes, siempre pensé que era tu día preferido, que ilusión tenías. Toda la casa adornada con un gusto excelente, llena de preciosos motivos navideños, donde abrías la puerta del salón y Sus Majestades nos habían dejado una interminable lista de regalos. ¿Cómo es posible que hasta los treinta y ocho años tuviera la misma cantidad de regalos que con seis? Era increíble. Pura magia.
Las pasadas Navidades fueron las primeras sin ti mamá. Los colores mágicos de casa habían desaparecido y ya no hubo regalos. Ni siquiera un poco de carbón por portarme mal. Seguro que allí donde estuvieras te cabreaste por ello.
Estos días, mirando una web de artículos de segunda mano, entre un montón de potras que vende la gente, para mi sorpresa apareció una muñeca de cartón de ese estilo, aunque con colores menos vivos.
Volvió a mi memoria aquel último día contigo en casa. En realidad, he sido incapaz de volver. Le pregunté al dueño/a (aparecía como procedencia alrededores de Barcelona), si la tenía a la venta y si detrás de aquella muñeca había alguna historia especial.
Me confirmó que la tenía y acordamos que la guardaría a mi nombre. Cuando llegué a casa y miré el teléfono, leí este mensaje: ¿Eres la hija de Susi? Me temblaba todo. No sabía qué pensar. Estaba paralizada. Simplemente contesté que sí y el siguiente mensaje fue: Marina, soy Ismael, el hijo de Matilde y de Ramón Lecina, amigo Susi, de tu tía Lurditas, y de casi toda tú familia. La muñeca es tuya, esta es su nueva historia.
Hoy es el día de Reyes y bajo el árbol veo un paquete con mi nombre. Tu nieto Roque lo coge y con esa expresión tan parecida a ti, se acerca y me dice: Mamá, este regalo es para ti.
Hoy han vuelto los Reyes Magos, ahora tengo la certeza que existen, que no se olvidan de mí, que no te olvidas de mí.
Te quiero mamá, te quiero mucho.
Tu hija Marina




