Por más que se vista de verde, lo que se está imponiendo en Europa bajo el nombre de “transición ecológica” no es otra cosa que una demolición planificada del campo, de los árboles, del agua, de la soberanía y, en última instancia, de la vida misma.
Y la persona que mejor encarna este proceso es Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. No fue elegida por los ciudadanos europeos, sino designada por el Consejo Europeo y ratificada por el Parlamento tras pactos entre partidos, sin que mediara votación directa de la población.
Esta mujer no gobierna sola. En mi humilde opinión, es el rostro visible de una maquinaria de intereses donde convergen grandes fondos financieros, empresas energéticas, consultoras privadas y estructuras burocráticas opacas.
Bajo su liderazgo, la Comisión ha impulsado el Green Deal europeo, un plan supuestamente ecológico que, en la práctica, ha justificado la tala de árboles centenarios, el desmantelamiento de presas funcionales y la instalación masiva de macroparques energéticos en zonas rurales sin participación vecinal.
¿Quién se beneficia de todo esto? En mi opinión, no son ni los pueblos ni el planeta. Las decisiones tomadas han favorecido, directa o indirectamente, a grandes corporaciones que desarrollan, financian o gestionan estos proyectos.
También se han visto beneficiadas determinadas consultoras que asesoran a gobiernos y luego diseñan los mismos planes que acaban siendo aprobados por los responsables públicos. Es una estructura circular donde el poder técnico, económico y político se refuerza mutuamente, y donde las comunidades locales quedan fuera del tablero.
Todo esto ya está ocurriendo. En lugares como Huesca, Jaén, Galicia o Cataluña, se han documentado casos de expropiaciones, daños ambientales, conflictos vecinales y decisiones tomadas sin consulta previa ni estudio serio del impacto social.
Y sin embargo, quienes lo denuncian son muchas veces desacreditados públicamente, etiquetados como “extremistas” o “antiprogreso”.
Pero los datos son tozudos, el campo se vacía, la energía no baja de precio, y los territorios se destruyen mientras nos dicen que avanzamos hacia un futuro más verde.
Personalmente, no cuestiono la necesidad de transformar el modelo energético. Lo que cuestiono —y creo que muchos lo hacen— es la forma en que se está haciendo: vertical, impuesta, alejada de la realidad de los pueblos y del sentido común ecológico.
Von der Leyen no puede ser destituida por votación directa. Su continuidad dependerá del respaldo que reciba de los eurodiputados en las próximas elecciones, y por eso es urgente actuar, hablar, escribir y exigir que no se premie con otro mandato una gestión que tantos daños está dejando.
¿En términos ecológicos y físicos, qué estamos perdiendo?
Hablemos claro y en términos puramente ambientales y de supervivencia inmediata:
Cuando se talan árboles centenarios:
- Se pierde biodiversidad: un solo árbol maduro puede albergar cientos de especies. Su desaparición colapsa ecosistemas locales enteros.
- Se aumenta el CO₂ atmosférico: no solo dejas de absorberlo, sino que liberas el carbono almacenado durante décadas o siglos.
- Cambias el clima local: menos sombra, menos humedad, más calor, más erosión, más desertificación.
- Empobreces el suelo: sin raíces profundas, se pierden nutrientes, se vacían acuíferos y se desestabiliza el terreno.
Cuando se destruyen presas y centrales hidráulicas:
- Eliminas una fuente de energía limpia, estable y ya amortizada. A diferencia de otras renovables, la hidráulica no depende del sol ni del viento.
- Reduces tu capacidad de almacenar agua, en un país como España, donde las sequías son cada vez más largas y graves.
- Debilitas la red energética nacional, aumentando la dependencia de fuentes externas o menos eficientes.
- Fuerzas a tener que hacer nuevas inversiones donde ya tenías infraestructuras útiles funcionando.
¿A dónde lleva todo esto?
A un futuro, en mi opinión, con:
- Menos agua.
- Más incendios y olas de calor.
- Menos alimentos disponibles.
- Energía menos fiable y más cara.
- Mayor dependencia de decisiones tomadas fuera del territorio.
- Y muchos otros factores.
Y lo peor es que no estoy hablando de ciencia ficción, sino de consecuencias ecológicas reales que ya están ocurriendo.
¿Hay esperanza? Sí. En la provincia de Huesca se está demostrando.
En varias comarcas del Alto Aragón, vecinos y ayuntamientos han demostrado que sí se puede frenar este modelo impuesto, y defender el territorio con herramientas legales, sociales y éticas:
La línea de Muy Alta Tensión Valsalada–Laluenga–Isona fue paralizada tras la oposición de vecinos, plataformas y técnicos. El proyecto no tiene autorización y sus permisos han caducado.
El intento de instalar un almacén de baterías de litio en Abizanda fue descartado, gracias a la oposición vecinal y a que el terreno propuesto era un monte comunal.
En Samitier, la empresa promotora del proyecto antes presentado en Abizanda, ha trasladado su propuesta, y actualmente el proyecto se encuentra en fase de información pública y recogida de alegaciones.
Sabiñánigo modificó su urbanismo para impedir macroproyectos solares en suelo agrícola. Y el Tribunal Superior de Justicia de Aragón les dio la razón.
Estadilla cambió sus normas urbanísticas para proteger su paisaje, limitando el tamaño y la ubicación de futuras plantas solares.
La Puebla de Castro suspendió licencias para macroplantas solares.
Jaca y Sabiñánigo presentaron alegaciones conjuntas para regular la implantación de renovables.
El proyecto del embalse de Jánovas fue descartado, y los terrenos expropiados están siendo revertidos a sus propietarios.
La incineradora de biomasa en Monzón fue anulada por el TSJA debido a irregularidades graves en su tramitación.
En la Ribagorza, la plataforma ‘Ribagorza No Se Vende‘ ha frenado varios macroproyectos fotovoltaicos.
En Barbastro la posible ubicación de una planta de biogás suscita recelo, a ver cómo acaba «la cosa».
Vemos como todo esto ha sido posible sin violencia, sin partidos, sin eslóganes vacíos. Solo con sentido común, unión y amor por la tierra.
Esto no va contra el progreso. Va contra el saqueo.
Cuando defendemos los árboles, las presas útiles, el agua o el territorio, no estamos frenando el progreso. Al contrario, estamos defendiendo las bases reales de una vida sostenible y digna.
Progreso es producir energía de forma justa, local y controlada por la comunidad.
Progreso es cuidar lo que ya funciona. Es adaptar sin arrasar. Es planificar con sentido común, no con cifras desde un despacho.
Y defender todo eso no te convierte en alguien de extrema derecha, ni en radical, ni en conspiranoico.
Te convierte en alguien que piensa, que observa y que ama su tierra.
Si ciertos partidos han tomado ese discurso, es porque otros lo han abandonado.
Las banderas cambian de manos, pero las verdades permanecen.
Y la verdad es que hay miles de personas en toda España, Europa y el Mundo, de ideas muy distintas, defendiendo lo mismo, la vida, el territorio, el sentido común.
Esto no es ideología. Es supervivencia.
Y la vida no pertenece a ningún partido.
Por eso lo que está ocurriendo no es transición ni futuro. Es colonización.
Y decir NO a esta colonización no es volver al pasado, es construir un presente vivo con raíces, memoria y horizonte.
Ante esto lanzo un modelo de carta a enviar a los Eurodiputados para que nuestra querida Úrsula Von der Leyen no vuelva a ser elegida: Aquí: Carta eurodiputados para su descarga y modificación al gusto de cada uno, también un ejemplo de a donde enviarla
EJEMPLO CARTA PARA EURODIPUTADOS
Asunto: Solicitud de no reelección de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea
Estimado/a eurodiputado/a:
Me dirijo a usted como ciudadano/a europeo/a, libre e informado/a, para expresar mi profunda preocupación por la continuidad de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea. Su gestión ha dejado una huella visible de desconexión entre las políticas europeas y las realidades sociales, ecológicas y territoriales de quienes habitamos este continente.
Durante su mandato, bajo el nombre de Green Deal, se han justificado acciones que, lejos de proteger el medio ambiente, han contribuido a su deterioro:
– Se han talado árboles centenarios, con un valor ecológico y cultural incalculable, para instalar macroplantas energéticas que no generan energía distribuida ni accesible para las comunidades locales.
– Se han demolido presas hidráulicas útiles, que producían energía limpia y garantizaban agua en regiones cada vez más expuestas a la sequía.
– Se han aprobado líneas de muy alta tensión que atraviesan zonas rurales para exportar energía, sin dejar beneficios ni empleo local.
– Se ha debilitado el tejido agrario y rural con medidas impuestas desde despachos alejados de la tierra y de las personas.
Además, la falta de transparencia, el uso sistemático de fondos públicos para favorecer intereses privados y la promoción de infraestructuras controladas por grandes grupos energéticos, son hechos constatables que erosionan la legitimidad democrática de las instituciones europeas.
Esta forma de gobernar ha generado desafección ciudadana, enfrentamientos en pueblos que solo quieren vivir en paz y la sensación de que Europa ya no escucha a quienes la sostienen día a día.
Por todo ello, y en base a principios de responsabilidad política, dignidad democrática y defensa del bien común, le pido con firmeza que:
1. Vote en contra de la reelección de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea.
2. Promueva una auditoría sobre el impacto real de las políticas energéticas impulsadas durante su mandato.
3. Priorice una nueva visión europea basada en el respeto a los territorios, la vida rural y la soberanía de los pueblos.
Europa no puede construirse desde arriba, contra su gente y contra su tierra. Necesitamos una política con raíces, que escuche, que sirva, que proteja.
Confío en su conciencia y en su responsabilidad histórica.
Atentamente,
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¿A dónde enviarla?
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