Barbastro se ha visto estos días bajo una lupa incómoda. Más de quinientas personas afectadas por un brote de Salmonella, hospitalizaciones, un origen finalmente rastreado hasta un tomate triturado mal conservado. El mapa ya está trazado y el foco identificado, espero que para la tranquilidad de muchos. Personalmente, eso no es lo que más me inquieta.
Lo verdaderamente perturbador es que, mucho antes de que la ciencia pronunciara palabra, ya había un jurado popular dictando veredicto. Un tribunal invisible pero implacable, armado no con togas ni probetas, sino con teléfonos móviles, murmullos y publicaciones en redes sociales. Antes de que los análisis confirmaran nada, ya había señalados y condenas morales.
La urgencia por acusar
Vivimos en un tiempo en el que el dato ha perdido su lugar de privilegio frente a la conjetura, y la prudencia ha sido relegada al último cajón. ¿Para qué esperar a que hablen los cultivos bacterianos si tenemos un grupo de WhatsApp dispuesto a ofrecernos una sentencia instantánea?
El rumor no necesita pruebas, solo combustible emocional. Y nada alimenta mejor la hoguera que un culpable visible: un local, un producto, un nombre propio. La directora general de Salud Pública, Nuria Gayán, ha encarnado la actitud opuesta: serenidad, explicaciones transparentes y respeto por los tiempos que la investigación exige. Reconfortante ante tanto ruido.
La otra infección
La Salmonella es peligrosa, pero al menos tiene tratamiento. La otra plaga, la que se propaga en tertulias improvisadas y muros virtuales sobrecalentados, no responde a antibióticos: es la impaciencia asociada a la certeza infundada.
La ciencia avanza despacio porque no puede hacerlo de otro modo: aislar, cultivar, confirmar, comparar. Son pasos que no se pueden acortar sin poner en riesgo la verdad. Ignorar esos plazos es como pretender que una cosecha madure al día siguiente de sembrarla: una ilusión que solo conduce al autoengaño.
Y conviene no olvidar algo esencial: en cualquier actividad humana, mientras no estés quieto, existe la posibilidad de errar. Cocinar, servir, manipular alimentos, atender a cientos de personas en un festival… todo implica movimiento, decisiones, cierta precipitación. El riesgo cero no existe. La diferencia está en aprender de lo ocurrido, corregir fallos y, sobre todo, no confundir el tropiezo con el delito flagrante.
Un espejo poco amable
Este brote ha evidenciado que no solo debemos reforzar los mecanismos de seguridad alimentaria, sino también nuestra disciplina como comunidad. Que proteger la salud pública no es únicamente asunto de sanitarios, sino también de ciudadanos pacientes hasta la llegada de certezas.
Lo decía mi profesor de microbiología general en la universidad, el doctor Carlos Gamazo: “Viviremos tiempos en los que todo el mundo sabrá de todo”. Y esos tiempos ya han llegado. Sin embargo, conocer un poco de todo no equivale a saber lo suficiente como para acusar. La distancia entre una comunidad prudente y la justiciera, está en la línea sutil que separa la información de la precipitación. La reputación no se limpia tan fácilmente como una encimera.
Ciencia y paciencia: dos ingredientes esenciales
No se trata de callar ni de encubrir problemas. Es cuestión de respetar los plazos y los procedimientos. La transparencia no está reñida con la paciencia. Si reclamamos a los profesionales rigor en su trabajo, también deberíamos concederles el tiempo necesario para que hagan bien su trabajo.
En este caso al menos, la comunicación de las autoridades sanitarias ha sido ejemplar. Sin caer en alarmismos, han explicado con claridad qué se sabe y qué no. Sin apresurarse, sin señalar, sin especular. Es así como la verdad por medio de la ciencia acaba llegando.
La humildad como tratamiento
El brote de Salmonella terminará. Los afectados se recuperarán —y deseo de corazón que sea lo antes posible para todos y cada uno de ellos—, el festival volverá a celebrarse, y quizá olvidemos parte de lo ocurrido. Lo que no deberíamos borrar de la memoria es la lección de que los juicios prematuros pueden ser más dañinos que la propia infección.
Porque las bacterias se combaten con ciencia, pero las sentencias improvisadas solo se tratan con humildad. Y en eso, admitámoslo, aún tenemos mucho que desinfectar.



19 comentarios
Bien está que defienda la ciencia un vendedor de homeopatía. Algo vamos avanzado.
Peor será cuando la defienda un vendedor de peines.
Pano me parece una puta vergüenza que hayas eliminado mi mensaje el cual era una opinión respetuosa desde el punto de vista de unos afectados directos… Así funcionáis los periodistas en este país.. tu eres una punta mierda de periódico digital pero un claro reflejo de lo que estamos viviendo hoy en día. Gran trabajo jajajajaj
Hola, gracias por los insultos, no se ha eliminado nada, simplemente aún no se había publicado, saludos
Que se lo digan a todas esas personas afectadas que sólo habían comido las tapas en ese establecimiento, es su verdad un juicio rápido? Estoy de acuerdo que las redes sociales son el cancer de nuestra época, puedes hacer mucho daño detrás de una pantalla sin que haya consecuencias, pero este caso en concreto hay información que ni si quiera necesita tener ese bombo.. Conozco mucha gente que sabía de primera mano donde se habían contaminado, lo que no sabían era con que… Cuando el denominador es común
Señor Jesús: recordarle que en este país existe la presunción de inocencia sobre toda persona acusada de una falta , infracción o délito hasta que no se produzca una sentencia firme dictada por el organismo judicial o administrativo correspondiente. Y en este caso recordarle que la investigación sobre esa presunta falta, infracción o délito , continua, no ha acabado. Repito, no ha acabado. Y por tanto no existe ninguna sentencia definitiva. Dicho esto, propalar rumores y comentarios de viva voz o en redes sociales sin el soporte de pruebas contrastadas y legales que pueden dañar la reputación y el buen nombre de cualquier persona física o jurídica es, a su vez, constitutivo de un délito perseguible de oficio por la ley. Cuidado. Mucho cuidado.
Además se permite hacer un comentario en el que insulta al director de este medio soez y ordinariamente vertiendo acusaciones hacia él, su profesión y los profesionales de los medios de información que , caso de no poder demostrarse, podrían acarrearle problemas.
Cuídese y relájese señor Jesús. Pase un buen dia.
Una gran reflexión y muy acertada. Ojalá sirva para que la gente se de cuenta del daño que pueden hacer los comentarios sin conocimiento.
que razón tanto daño que mata
Muchas gracias . Por fin algo de cordura. Espero pa pronta recuperación de todos los afectados. Todos
No estoy de acuerdo con el escrito, no podemos acusar a todos porque unos pocos hablen sin saber.
Barbastro es una población con la gente respetuosa y comedida, de hecho, de las ciudades que he vivido , es la ciudadanía más educada que conozco, por eso no hay que generalizar y menos en esta ciudad.
Espero que los afectados se encuentren bien. Saludos.
me parece una nota infundada si conozco a 15 personas infectadas que comieron en un sitio, por suesto q voy a pensar q la intoxicacion proviene de ese lugar. para el redactor de esta nota tenemos q quedarnos todos calladitos sentados en el bater pensando por q me paso a mi. no señor… si alguien se la manda hay q jusgarlo. los q comimos ahi saviamos q era el pan con tomate. no la tortilla ni la longaniza.
lo q era el puente entre todas las personas era el tomate
Señor Matias: le remito a mi comentario de respuesta al del señor Jesús. La investigación no ha terminado ni hay sentencia definitiva. Y pueden aparecer más derivadas. El autor de la nota sólo recaba prudencia , paciencia y respeto. Nada más. Cuidado.
¿Y si esas quince personas venían de una merienda donde probaron melón cortado con un cuchillo infectado?
No habla de “todos”, sino de jurado popular, y los jurados siempre han sido minoritarios.
Magnífica reflexión .
La comparto de principio a fin. Espero que estos principios se extiendan en las redes sociales como la «polvora»
Gracias amigo.
» una gran reflexión, magnífica reflexíón , reglexíon serena etc…una de dos o el que ha escrito el artículo se aplaude el mismo con diferentes niks, o tiene un amante secreto.
Me inclino por lo primero.
El autor no tiene un amante secreto, sino tres o cuatro. Y dolidos por la crítica escriben loas que ensalzan las virtudes de su amado.
Una reflexión serena y necesaria. El riesgo existe siempre y cualquiera puede verse en medio de un problema no pretendido.
Que todo vuelva a la normalidad, Los enfermos a sus casas ( el verano pasado, en un restaurante de aquí, la mitad de mi familia cogió un rotavirus y alguno lo pasó muy mal) y el comercio, una vez desinfectado, vuelva a tener actividad.
¿Sabremos si ese tomate infectado era importado?
como siempre un relato de la realidad perfecto,hoy hacia la misma reflexión,si vale la pena estar en las redes es dañino,mi respuesta es Si,estos días he visto mucho Juez,mucho Juicio,con ganas de acusar sea como sea y a costa de quien sea,lo importante es tener la razón,hoy decidí que voy a borrar todas las páginas que sigo,porque estos días resulta muy duro leer lo que se opina de mi familia y no responder,por respeto a ellos como quisiera,se lo mal que lo están pasando,esto no es plato de buen gusto,ni ha sido queriendo,pero me canso de jo de explicar a quien ya había sentenciado,por mi salud mental voy a cerrar los lugares donde van a seguir con el aquelarre,del yo lo sabía..pues nada podéis seguir alimentando las redes ,sin empatía,os da todo igual,solo importa dañar,Muchas gracias Edgar,como siempre acertado en tus palabras,pero a algunos les dará lo mismo.Orgullosa de mi familia,de lo que han conseguido en 25 años y sumando,espero que esto acabe pronto.. por ellos y por todos.
Deseo que los afectados se recuperen muy pronto y vuelvan a su día a día…