Todas las dictaduras, autoritarianismos y sistemas opresivos, actuales y del pasado, se vinculan. Comparten algo definitorio: el silencio. Ya sea en forma de desmemoria o de represión directa. No acaba ahí. Sin reparaciones adecuadas, las democracias lo arrastran, eternamente, hasta el presente. Se cumplen cincuenta años de la muerte del dictador Franco y España es el único país de la Unión Europea dónde nuestro pasado dictatorial convive con el presente. Especialmente en las islas Canarias y ciudades como Santa Cruz de Tenerife dónde permanecen 79 símbolos franquistas en las calles de la capital. Entre ellos está el espantoso Monumento a Franco que se erige en la Avenida Anaga. El monumento sobrevive con manchas de pintura perpetradas por activistas. A veces, es también escenario de minoritarias acciones de denuncia republicanas y antifascistas. Este es también un monumento a la humillación. Paso por su lado casi a diario, sin poder dejar de sentir un nudo en el estómago que me recuerda a todos los represaliados republicanos en mi familia que sufrieron los abusos franquistas con penas de cárcel, exilio o la pena de muerte. Mi sentimiento de rechazo se agudiza en una fecha tan señalada como el 20N, cuando presencio como los turistas toman un alto en el camino para tomar fotos de ese monumento, cincuenta años después de la muerte de Franco.
“Para usted que ya no la tiene, la libertad es todo. Para nosotros que sí, es meramente una ilusión” decía el filósofo rumano Emil Cioran. Con sus móviles, a los turistas les basta con 30 frívolos segundos de pausa en su recorrido turístico para llevarse un recuerdo fotográfico del monumento a Franco que se erige como símbolo de nuestro presente más oscuro: la convivencia de las víctimas de la dictadura con una España democrática indecente. ‘Los abuelos callan, los nietos deben recordar’, así titulaba Bruno Galindo su columna en la Tribuna del periódico El País, a finales de mayo de 2025. “Cuando un país reprime o no integra conscientemente sus experiencias traumáticas, estas no desaparecen, sino que se trasladan al inconsciente colectivo y reaparecen en generaciones posteriores, a menudo de forma simbólica, patológica o incluso socialmente disruptiva (…) el silencio que dejan los crímenes de guerra cristaliza en un mismo fenómeno que, según el caso, puede tener dos caras: una es la memoria histórica; la otra, su reverso oscuro, es el olvido, igualmente histórico”, recalcaba Galindo. Tenerife, la isla del archipiélago canario que fue testigo del comienzo del levantamiento del dictador Franco contra la Segunda República, encarna esta dicotomía entre memoria y olvido que empaña la historia de la España democrática. En las Islas Canarias, Franco se ensañó con las represalias en contra de los republicanos y todos aquellos que no comulgaran con su ideología fascista. A día de hoy, sigue sin pesar el arrepentimiento.
Muchos fueron los represaliados arrojados con vida al océano Atlántico, algunos tuvieron suerte y fueron salvados por bondadosos vecinos de poblaciones costeras que se lanzaban al agua para rescatarlos de esa cruel fosa común. Pero fue en tierra firme, en las alturas del volcán Teide, donde la dictadura consiguió engendrar los pilares de un miedo manufacturado y un olvido programado que a día de hoy los investigadores siguen esforzándose por esclarecer. Lo explica con mucho detalle el investigador y experto, Luana Studer, en su nuevo libro, ‘Llano de Maja. Memorias de la represión franquista en la cumbre de Tenerife’. En este minucioso proyecto, Studer recoge testimonios y pone en contexto su conocimiento sobre el franquismo, a través del trabajo de campo realizado en el propio Teide para intentar clarificar y dar visibilidad a las posibles desapariciones de represaliados en el volcán. El propio Studer menciona que, durante mucho tiempo, se pensó en la hipótesis de que las desapariciones en el Teide fuesen una leyenda urbana fomentada por el régimen para generar miedo y controlar el territorio insular a través del temor, pues no dispondrían de los medios para hacerlo de otra forma. Sin embargo, a pesar de que hasta ahora no se hayan podido encontrar restos mortales y de que el trabajo de Studer se presente como una hipótesis, sí que se han recogido testimonios orales que recuerdan y cuentan en este libro la creencia de que en el Teide habría más muertos que en el mar: “¿Por qué no arrojarlos al mar como tantos otros? Pues porque los represores querían asegurarse de que no fueran encontrados jamás”, explica Studer.
A los dictadores les gusta hacer desaparecer a personajes icónicos que tengan capacidad de empatizar con las masas. Ya sea por sus valores ideológicos, su cargo político, relevancia social, o por haber protagonizado algún momento mediático en la historia de represión que ellos lideran. “Los desaparecidos, no dejan rastro documental de ningún tipo”, recuerda Studer, haciendo hincapié en la incertidumbre a la que tienen que hacer frente los investigadores: “Se trata de un tipo de represión que no deja rastro más allá de los testimonios de los informantes que los vieron por última vez en los centros de presidio o en los traslados de un lugar a otro antes de ser ejecutados y desaparecidos”. Pero no todas las desapariciones consiguen borrar la memoria. Algunas se convierten en símbolos de resistencia democrática globales.
En Pekín, la icónica imagen del conocido como ‘hombre tanque’ o ‘el rebelde desconocido’ sigue presente en el recuerdo de muchos cada vez que se menciona la masacre de Tiananmen, en el año 1989. Durante tres minutos, ese hombre valiente consiguió parar el avance de los tanques con una determinación y aplomo que es casi imposible ignorar. La máquina propagandística de Pekín, haciendo uso de la capacidad metafórica de la lengua china, rebautizó a ese valiente hombre, ridiculizándolo como una mantis intentando parar los carruajes. El ‘hombre tanque’ desapareció y para siempre quedó la duda sobre cuál era la identidad de ese señor. Algunos en las calles de Pekín, seguro que le conocían. Probablemente, sus familiares le identificarían cuando le vieron por la televisión, jugándose su integridad ante unos militares que se disponían a acabar con la vida de miles de manifestantes chinos, desarmados y pacíficos, que pedían la democracia, la libertad política y la libertad de prensa. Algunas cifras hablan de 200 muertos al día, entre el más de 1 millón de personas que se unieron a las protestas. Los esfuerzos de Pekín para borrar ese capítulo de su historia no cesan y quieren evitar que personas como el artista y caricaturista político chino Ba Diu Cao, exiliado en Australia, retomen alegorías para mantener el recuerdo. Sin ir más lejos, su reciente publicación en redes sociales mostrando una mantis comiéndose un tanque para recordar la represión violenta de hace 36 años.
En Canarias, el ejército se sublevó el 18 de julio de 1936, convirtiéndose en el principal poder fáctico de las islas y engendrando un “laberinto de terror” alimentado por la insularidad que hacía casi imposible la huida. Así describe esa trampa mortal el canario Francisco González Tejera, nieto de represaliados que sufrieron la brutalidad franquista y portavoz de la Plataforma de Familiares de los Fusilados de San Lorenzo. En unas declaraciones publicadas en el rotativo canario, El Diario, en motivo de la publicación de su libro “Tormenta en la memoria”, señala como el silencio borró las historias de sus antepasados en el seno familiar y recuerda que en un territorio como son las islas canarias donde no hubo enfrentamiento armado, el régimen militar se ensañó incluso con listas negras antes del golpe de estado: “La oligarquía canaria, la iglesia católica, la Falange, Acción Ciudadana y los militares hicieron un verdadero genocidio en Canarias”, subraya González. Entre ellos, estaban las Brigadas del Amanecer, cuadrillas de asesinos formadas con miembros del ejército y de la Guardia Civil.
“Todo el mundo nace con el deseo de la libertad” explica el disidente político chino, Wu’er Kaixi, en unas declaraciones a Reporteros Sin Fronteras (RSF) durante una entrevista especial para conmemorar el aniversario de la masacre de Tiananmen, este año. Kaixi fue uno de los fundadores del movimiento estudiantil y el principal representante de la huelga de hambre de los estudiantes que llevó a los líderes chinos a sentarse a negociar: “les pedíamos que los problemas se solucionaran con dignidad humana”, explica Kaixi, quien tuvo que huir del país ese mismo año. Su implicación le llevó a ocupar el segundo lugar en la lista de los más buscados por el gobierno chino. Desde el exilio en Taiwan, recuerda que la labor más importante de un disidente es contar la verdad sobre lo que está pasando. “Nos tienen miedo. Tienen miedo de que nosotros no les tenemos miedo”, sentencia.
Tanque contra tanque, no hay censura o silencio que pueda hacer olvidar el lugar que los militares y los ejércitos ocupan en la represión de libertades cuando cambian las tornas. Visualmente y conceptualmente, es difícil también ignorar los paralelismos entre los tanques y el Ejército para la Liberación del Pueblo Chino en Pekín y el despliegue de medios y desfiles en la Avenida Anaga, en Santa Cruz de Tenerife, como ciudad elegida para la conmemoración del Día de las Fuerzas Armadas, este año. Este no deja de ser un evento que se caracteriza por ser un intento de lavado de cara y de propaganda por parte de la España democrática para hacer olvidar a nietos y biznietos que guardamos la memoria del papel que los tanques y las armas de los militares jugaron en el franquismo. En lugar de traer los tanques de vuelta a la ciudad que presenció el inicio del golpe de estado en contra de los valores democráticos de la Segunda República, España debería poner en marcha mecanismos de reparación puramente democráticos. Son 50 años de espera y de ofensas a la dignidad humana de todos aquellos que siguen sin saber si sus familiares acabaron ahogados en el Atlántico o bajo tierra, en el Teide o en cualquier otro lugar de la isla, mientras pasean a diario rodeados de símbolos franquistas.
Anulación catálogo símbolos franquistas: https://www.eldia.es/santa-cruz-de-tenerife/2024/05/15/santa-cruz-queda-catalogo-simbolos-102402989.html





1 comentario
No hay que alargarse tanto, en Polonia acaban de prohibir los Partidos comunistas por los miles de asesinatos que cometieron.
Todas las dictaduras son nefastas , ¿ estarás de acuerdo conmigo. no?.