“Casi todos y cada uno de los periodistas asignados a España se convirtieron en una persona diferente en algún momento después de cruzar los Pirineos…” relataba el periodista Frank Hanighen después del fin de la Guerra Civil en España. Presenciaron un acontecimiento tan impactante como es la aniquilación de una democracia y, con ella, el irremediable fin de la libertad de prensa. En un contexto tan devastador como es una Guerra Civil, no les quedó otra alternativa que sentir que lo correcto era tomar partido. La neutralidad dejó de ser una opción.
Después de su paso por España como corresponsal extranjero, Hanigen recuerda como las preguntas de su editor en el lejano Nueva York o Londres le parecían interrupciones triviales. Los corresponsales extranjeros “se habían convertido en participantes en lugar de observadores del horror, tragedia y aventura que constituye la guerra.” El de Hanigen es uno de los testimonios que recupera el libro que narra las experiencias que vivieron los corresponsales extranjeros que informaron sobre la Guerra Civil, escrito por el historiador e hispanista británico, Paul Preston, ‘Idealistas bajo las balas: Corresponsales extranjeros en la guerra de España’ (Editorial DEBOLSILLO, 2008).
La transformación y el sentimiento de abandono y desasosiego ante esa situación de impotencia que muchos profesionales de la información sintieron durante ese episodio de nuestra historia, tiene consecuencias hasta hoy en día. España todavía lidia con el recuerdo de haber sido ese país europeo que fue abandonado a su suerte, en manos del fascismo, por las democracias occidentales.
Todas ellas acordaron presenciarlo desde la cómoda distancia, pasando por alto el hecho de que estaban siendo testigos de un ataque a la libertad y a la humanidad que pronto se extendería por todo el mundo, con la Segunda Guerra Mundial. Esos periodistas extranjeros eran los únicos testigos y altavoces con los que podían contar los defensores de los valores democráticos y de la república, con la esperanza de que finalmente las democracias occidentales dejaran de mirar para otro lado, sin mucho éxito.
En España, durante la Guerra Civil, aprendimos que la neutralidad calculada, la falta de empatía y el desasosiego son los grandes aliados del fascismo. Y cuando se trata de periodismo en situaciones de crisis, todavía más.
“Los periódicos se leen normalmente durante el desayuno y no hay nada más calculado para quitarle a alguien el deseo de comer un segundo huevo con bacon que leer una noticia que le obligue a darse cuenta de que no muy lejos hay gente que se muere por un puñado de patatas. Si un periódico le quita el apetito, se esfuerza por comprar otro. Eso es algo que, naturalmente, queremos evitar.”
Esta fue la respuesta que recibió el corresponsal británico Cedric Salter cuando, según relata el libro de Preston, un periódico londinense se negó a publicar una historia sobre la hambruna y la muerte durante la Guerra Civil, porque lo que estaba pasando en España era visto de mal gusto en una sociedad diplomática como la británica. El abandono que protagonizó España durante el periodo del 1936 al 1939 fue un cuento con moraleja que se viene perpetuando hasta el día de hoy.
La integridad y valentía para oponerse férreamente a esa neutralidad y el no querer dejarse censurar a pesar de verse obligado a informar desde la distancia, le ha valido al veterano periodista de guerra, Mikel Ayestarán, el premio Ortega y Gasset a la mejor cobertura multimedia.
“Está claro que no quieren testigos”, expresaba el reportero vasco al recoger el premio por un proyecto en Instagram que demuestra como el hambre es una arma de guerra, a base de publicar un menú en la red social, cada día desde febrero de 2024. “He conseguido usar Instagram para hacer periodismo de guerra”, aseguraba Ayestarán, quién después de 20 años cubriendo conflictos en Oriente Medio, Iraq, Afganistan, Siria y Libia confiesa que nunca había sentido la impotencia que siente ahora por lo que está ocurriendo en la franja de Gaza: “A mi ya se me han acabado las palabras como periodista, los calificativos… Es tan horrible que directamente Israel y Egipto no nos dejan entrar y no solo eso, es que están matando a todos nuestros colegas palestinos y a todas sus familias.”
Los platos que Ayestarán ha ido colgando diariamente en su cuenta de Instagram, sin faltar un solo día, los cocina Amal, la esposa de Kayed Hammad amigo de Ayestarán e intérprete con quien trabaja desde 2005. Como parte de sus declaraciones después de recoger el premio, Ayestarán dio visibilidad a su amigo Hammad, quien compartió un mensaje de voz para ser reproducido durante la gala: “Mikel, diles que Gaza será una vergüenza para la humanidad, porque quien no se muere por las bombas, se muere de hambre, en 2025. Nosotros hemos llegado a la conclusión que es mejor morir por un misil o una bomba o lo que sea, que és más rápido y más fácil que el hambre. Eso es todo.”
Reporteros Sin Fronteras (RSF) hacía saltar las alertas acerca de la celebración del día internacional de la libertad de prensa, a principios de mayo, con la publicación de su anual índice de libertad de prensa. El informe califica el estado global de la libertad de prensa de “situación difícil” por primera vez en la historia del índice, recalcando que sin independencia económica no puede existir la prensa libre. Un dato importante a tener en cuenta ahora que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está precisamente utilizando el ahogamiento económico como herramienta para la censura. Según una publicación en la cuenta de Instagram de RSF que evalúa los 100 primeros días de Trump en el poder, por lo menos 180 emisoras de radio públicas están en riesgo de cierre si se elimina la financiación de los medios públicos.
Además, alrededor de 3500 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación podrían perder sus empleos si Trump acaba con la Agencia de Estados Unidos para los Medios Globales (USAGM, según las siglas en inglés). Para RSF es precisamente el indicador económico el que juega un papel crucial en la determinación de la libertad de prensa de un país. Y para este año se encuentra en un “nivel críticamente bajo y sin precedentes” en todo el mundo, según el informe. En la misma publicación de instagram, RSF asegura comprometerse a luchar en contra de estos ataques contra la prensa y urge a todo americano que valore la libertad de prensa a hacer lo mismo.
“Yo no quería ser activista, pero cuando es una lucha por los hechos, el periodismo se convierte en activismo”, alerta la periodista filipinoamericana y premio Nobel de la Paz en 2021 por su lucha por la libertad de expresión, Maria Ressa, en el medio de comunicación estadounidense Democracy Now.
Co-fundadora del portal de noticias digital Rappler, Ressa ha estado luchando para librarse de ser encarcelada por la justicia filipina por unos cargos que, asegura, tienen motivaciones políticas, como consecuencia de haber criticado abiertamente al ex presidente filipino Rodrigo Duterte y su sangrienta lucha contra las drogas. Duterte fue detenido recientemente por el crimen de lesa humanidad con la aplicación de una orden de arresto dictada en su contra por la Corte Penal Internacional (CPI). “La mayor lección que aprendimos es que se es más poderoso al principio de los ataques. Pero si no luchas cada día, pierdes un poquito de tus derechos”, explica Ressa usando como ejemplo el caso de la persecución de la prensa y el autoritarianismo en Filipinas para alertar sobre las acciones hostiles que Trump está llevando a cabo contra la libertad de expresión y su guerra contra la prensa.
El fascismo re-emerge con fuerza y destruye una libertad de prensa cada vez más frágil ante una sociedad civil occidental debilitada, fragmentada y totalmente desorientada. “¿Es posible mantenerse neutral cuando desde dentro y desde fuera se quieren liquidar los derechos de la democracia social conquistados en Europa? ¿Podemos evadirnos ante la responsabilidad de conseguir una mayor integración política que evite ser avasallados por las nuevas corrientes antidemocráticas?”, se pregunta Luis García Montero en una reciente columna de opinión para el rotativo El País, con motivo de la planeada ola de concentraciones y manifestaciones en las ciudades europeas para defender el compromiso con la democracia social. Ressa lo dejaba bien claro al expresar la mayor lección que aprendió a raíz de su persecución judicial en Filipinas: “Los derechos que pierdes hoy, no los recuperas. Esta es parte de la razón por la que si valoras tus derechos, luchas por ellos. Tú mantienes la línea, porque el silencio es complicidad, el silencio da aprobación y con ello creamos una nueva normalidad.”
Instagram de Mikel Ayestarán: https://www.instagram.com/mikelayestaran/
Periodistas de Aragón alza la voz contra los ataques a compañeros de profesión en Gaza


