Hace ya más de un año, en la Navidad del ‘23, José María Romance y su mujer, Luisa Martínez, de «casa Caslistro» de Castillazuelo, tuvieron el ‘sueño’ de revivir el teatro en el pueblo. Los sueños se cumplen, y este verano, gracias a la ayuda de su amigo Marcos Fernández y de prácticamente todos los vecinos, la plaza Mayor de Castillazuelo ha estado a rebosar durante las dos obras que han representado, una de ellas dos veces.
Para la primera necesitaban nada más y nada menos que 30 actores. Lo consiguieron. Y gustó tanto que, siete días después, por petición popular, la volvieron a representar. Este es un ejemplo de cómo, con ilusión y la unión de todos, es posible lograr lo que al principio parece imposible.
La misma ilusión que ha mantenido José Miguel Navarro para sacar adelante su libro Luz Sagrada, un recopilatorio de los espacios sagrados de nuestra provincia. Como él mismo dice: “No sabía de dónde partir, ni cómo hacerlo.” Pero lo hizo. Y gracias a eso sabemos que, por ejemplo, en Lecina, el 21 de diciembre ocurre una hierogamia, “el matrimonio sagrado entre dioses astrales y diosas telúricas”: por la mañana, el Sol atraviesa un agujero natural en la ermita de San Martín y, por la tarde, justo enfrente, ocurre lo mismo en la cueva de la Mezquita, un santuario natural prehistórico.
La cueva del Trucho cuenta con el asoleo más antiguo del mundo
También hay que dar noticias malas, como el cierre de empresas. El CEDER detalla en su informe que, pese a la creación y consolidación de 13 empresas, en los próximos años van a desaparecer negocios, servicios y empleos por la falta de relevo generacional. De hecho, estas Navidades ha bajado la persiana el emblemático colmado Casa Pueyo, en la plaza del Mercado. Por el contrario, señalan que estos cierres pueden ser oportunidades para nuevos emprendedores. Mantengamos entre todos, como comunidad, la ilusión para que esto suceda. Eso sí, no basta con desearlo, hay que ponerse en marcha y cada uno hacer su parte.
Otra noticia devastadora que nos deja este mes: la muerte de José Damián Moreno, un hombre bueno, humilde y apasionado, que ha dejado huella en todos los que tuvimos la suerte de conocerlo. Y hemos sido muchos, gracias a su labor de divulgación de la fauna y flora de nuestro territorio. Lamentablemente, como suele ocurrir con los seres excepcionales, nos ha dejado demasiado pronto, con 57 años, tras una cruel enfermedad que supo llevar con ejemplaridad. Gracias, Damián. Y gracias también de parte de tantos animales que ayudaste a cuidar y recuperar, como el aguilucho cenizo, que estaba a punto de desaparecer en nuestra zona.
Y por todo esto nos gusta tanto hacer Ronda Somontano. Porque podemos compartir todas estas historias, dar cabida a colaboradores, artículos de historia, de opinión, a nuestro querido Somontano se Mueve… Es tanto por lo que tenemos que agradecer, que no queremos dejarnos a nadie. Gracias a todos los que colaboráis con nosotros y, sobre todo, a los que hacéis posible que Ronda esté en la calle todos los meses con vuestra publicidad.
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