Según el diccionario de la RAE, el verbo “restar” tiene varias acepciones, pero voy a detenerme concretamente en la última, donde indica que es sinónimo de “quedar”, como “subsistir, “existir” (“En todo lo que resta de año”). Pues bien, de ese “restar” se viene observando un abuso (que ya comentó Lázaro Carreter en su excelente libro El dardo en la palabra), como sinónimo de “quedar”, “faltar”, hasta el extremo de que estos verbos no se usan ya, especialmente en el mundo del deporte (“Restan dos minutos y quince segundos para el final del partido”. “Todavía resta el partido de vuelta”. “Al Barcelona le resta un cuarto de hora para lograr la remontada”), pero también en otros casos como: “A la inspectora solo le restaba comprobar un último dato”. “Al Presidente únicamente le resta convocar elecciones”. Así que no será extraño que en un futuro no muy lejano también oigamos a alguna persona joven decir: “Me restan 20 € para pasar el fin de semana” o “Aún me restan 90 pavos para poder comprarme las deportivas”.
Lo que molaría oír al final de la maravillosa película Casablanca de 1942 a su protagonista Rick Blaine (Humphrey Bogart) decirle a Ilsa Lund (Ingrid Bergman): “Siempre nos restará París”. ¡Sería glorioso!


